Semana
19
Román

Extinción Natural

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EXTINCIÓN NATURAL

 

El verde lo anegaba todo.

Había devorado los restos extintos de la civilización humana, tapando las ruinas de sus ínfulas tecnológicas y arquitectónicas. Genéticas y experimentales maquinaciones. Socavando sus cimientos hasta no dejar nada.

Las raíces habían acostado y arropado los billones de cadáveres sepultados, tragados bajo tierra y madera, nuevo abono descontaminado.

Ni una sola de aquellas penosas y pecaminosas almas sobrevivió al cataclismo natural. A la venganza de la Madre traicionada y violada.

Los compuestos químicos alteraron el aire y oxigeno mutando la atmósfera.

Las esporas atómicas se expandieron con celeridad y el hombre/mujer cayó antes de comprender que estaba en peligro de extinción. Irónico.

Pulmones sangrando colapsados y corazones egoístas en espasmos detenidos.

Y adiós. No hubo posibilidad de resistencia.

Después, llegó la fase de olvido. Se atacó desde la más titánica a la más minúscula de sus herencias monstruosas y artificiales. Fue comunal esfuerzo calmado, olvidando enemistades los animales, plantas y otras criaturas ocultas y vitales, microscópicas incluso. Todo ser vivo y alguno muerto para tapar ese virus pernicioso y desterrado de la memoria junto con sus infinitos terrores.  

La Tierra respiraba tranquila, pero vigilante.

La vida se abre camino.

Paz y armonía dentro de lo salvaje. Especies nuevas y unidas. Conflictos sin odio.

La inteligencia madura y busca prosperar. Sinapsis y sinopsis cerebrales se enlazan en mentes simples para crear ideas de férreo núcleo. Para cuidar y evolucionar. Para moldear líderes. Dominio.

Y la Naturaleza pisa y evita cada intento. Reprende y enseña.

Atando primero a todo primate que se ha erradicado para no perpetuar sus viejas costumbres y anhelos.

Entregado luego a los delfines que amenazaban híbridos con pensamientos lógico-complejos. Lenguaje. Dentro y fuera del agua.

Que se obsesiona con las cuatro extremidades de apenas humanoides.

Inconcebible e impermisible.

Siempre en alerta. Siempre en guardia.

Eón tras era.

Todo cambia para que todo permanezca.

Debajo, muda, se fragua la revolución.

Bajo capas y estratos se ha desarrollado en silencio la simiente, los restos de civilización y cultura enterrados en vida.

Que prospera y se multiplica como cucarachas. Adaptados sus ojos, sus bocas. Con mejores y más terribles apéndices.

Que muerden aquellas raíces primigenias que son reja mientras excavan arriba. Iniciando el contrataque.

El homo de nuevo. Sus vestigios futuros ya presentes. Su mezcla de Neandertal huido y escondido. Preservado.

Reclama parcela e invade libre. A grito y declamor. Fuera de la cárcel de roca.

Es el su momento de nuevo según los relojes de agua y arena.

Emerge el hombre de la nada en tierra. Por sorpresa. Con herida abierta.

Con sus herramientas y artilugios. Con sus maldades.

La guerra se renueva, el cielo llora, el ciclo recomienza.

Nunca habrá paz. No mientras sobreviva uno solo de nosotros. Que escribimos y leemos. Que amaestramos y adoctrinamos. Bestias.

Lo digo desde la cúpula en este rascacielos de monte interminable, mezcla de los peores deseos antiguos y modernos. Mi faro. Viendo cómo las máquinas tragan verde para construir mas gris.

Y, por si soy leído y comprendido, firmo aquí justo antes de saltar.

Publicado la semana 19. 08/05/2018
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El fin de algún mundo...
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