Semana
11
Román

Sexdecepción

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Relato
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SEXDECEPCIÓN

 

Soy el dueño de un destino mierdoso. Y, además, no sé expresar bien tanta y tamaña frustración, porque la derrota se ha convertido en mi caballo de batalla (equivocando símil o metáfora, pero…).

Vengo ahora de practicar coito épico, desgastado y vencido. El follar del ahora. Sin alcanzar mi objetivo que sí lo conseguí. Porque ella no llegó al cúlmine mientras que yo eyaculé salvaje seis veces, con potencia juvenil pero no talento de ninguna edad. Nos montábamos, nos cabalgábamos, pero sólo yo lograba conquista. ¡Horas malgastadas! Quería para ella y no por mí, resultando imposible. Con cada espasmo y grito que se acercaba, centímetros y segundos, yo explotaba imberbe abortando consecución. Para obligarme a comenzar que no reemprender otra vez. ¿Cómo creer que disfrutó por mucho que lo defienda?

Marché derrotado y triste. Porque ojalá fuere una excepción… para nada.

He ganado en lid un certamen de relatos (sé cuán difícil parece leyendo estas líneas concebir que yo aspire a la literatura), pues escritor intento pero no me considero, no todavía. Con el terror por reto temático y bandera. Un texto de cirujano sádico conciso y concreto (texto y cirujano) que excava y llega hasta el origen del miedo enraizándolo con el lector por inducción transferida de segunda persona. Pero no me hace sentir ese mismo temor que pretendo contar. Contagiar. Transmitir y compartir. Lo siento vacuo, estéril y sin fondo donde caer. Mientras que leo a los supuestos vencidos y me conmueve la envidia; qué verbo y pluma, qué agilidad empática, qué flechas directas a la comprensión vía amígdala. Pavor he sufrido devorando páginas entre sombras. Entonces pues, ¿cómo la desequilibrada justicia puede situarme por delante de excelsos artistas?

Nada que celebrar mas que el fracaso. Se repite de tal calaña dicha sensación en todo y cada aspecto vital de la mi existencia.  

Hablo y estorbo sinsentidos con mis adláteres, que sí son montaña tanto como sostén, brujos de sabiduría, momento y oportunidad. Objetos inamovibles, almas nobles de valerosos principios y actos que platican por ellos. Aventura tras aventura, de isla a montaña o desierto y ciudad. Mientras me mantengo a su estela sin conseguir imitarlos, aprendiendo nada pese al mayúsculo empeño. La erudición no cala en mí persona.

Trabajo por doquiera y objetivos, a discreción. Llego, veo, venzo. En supuestos solamente. Porque mis obras forjan soluciones temporales, parches y remiendos pobremente zurcidos, de flojo enhebrar. De modo que los diversos mecanismos de tipo vario perpetúen su funcionamiento, carentes de mejora o evolución (como yo mismo). Para generar sostenibilidad, equilibrio, dinero. Tanto más da que no importa. Porque no creo ni ayudo a los futuros. No cuentan ellos conmigo para pesar inmenso que me anega. Solucionador apenas cubierto con prebendas de oro.

Y la familia… bajo tierra. Afortunadamente, hundido por el dolor, a la vez y sin incurrir en la contradicción ambas emociones. Es dolosa su pérdida y todo cuanto tenían por ofrecer. Pero consuelo atribulado el hecho resultante, la cruda realidad: no sufren disgusto por la decepción que soy a cada paso y pensamiento. Burdo títere que agota días regalados hasta su certero final. Que dilapido ideas e intenciones sin que dejen huella o recuerdo. Lejos de mención en libros y leyendas. No habrá ni hubo canciones compuestas a mi oda. Soy gris y me hundo. Mi nombre se apagará en eco…

Otra llamada ahora. De la susodicha. Añorando. Le ahorro el error y tiempo dilapidados con mi negativa que antecede a la despedida. ¿Por qué? ¿Por qué no?

Un nuevo viaje para salvar algún pequeño y recóndito mundo. Quizá industria naciente o ecosistema en riesgo. Más abismo.

Brindis que no correspondo se suceden de la noche al día y llegando la noche con cadencia inmortal. Novelas en las estanterías y los mercados, manuscritos que las editoriales dicen disputar.

No me llega.

No me alcanza.

No soy.

No siento.

Apuro la copa y apago luces y luna. Volverá la mañana y regresará la batalla a mis puertas, llamando al desbarato. Sigo afrontando con esperanza cansada cada uno de mis sometimientos. Retomando e insistiendo.

Sólo quiero sentir, pueda que ganar o realizarme desde el interior, sin alabanzas a gritos. Reconocimiento propio.

¿Ustedes sienten? ¿Tú sientes?

 

 

Pd: La vida es un punto de vista y un estado de ánimo…      

Publicado la semana 11. 16/03/2018
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El fracaso del triunfador perfeccionista...
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