Semana
08
Pela

SEGUNDA SERIE

Género
Relato
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"¿Puedes detenerte aquí? El lugar es perfecto...", solicitó la mujer.

El hombre asintió con la cabeza, sin hablar; disminuyó la velocidad y buscó con la mirada un lugar apropiado para aparcar el coche.

Ambos bajaron y quedaron quietos, mudos ante la magnífica presencia de las montañas majestuosas y quietas delante de sus ojos.

Era un paraje casi virgen, apenas visitado, de dificultoso acceso y de carretera peligrosa. Pero era hermoso.

Ella sacó la cámara fotográfica del estuche y empezó a ensayar distintas imágenes a través de la lente.

Él, apoyado en la portezuela del coche, encendió un cigarrillo y arrojó la primer bocanada de humo en dirección al aburrido aire que le rodeaba.

"Ponte al borde, con los picos de fondo..." pidió ella, señalando el punto elegido.

El hombre cruzó el angosto sendero desdibujado y se situó de espaldas al abismo. Con gesto cansado y la sonrisa borrada, esperó paciente las siguientes indicaciones. "Esto está hundido", pensó sin que se notara.

"Más atrás", pidió ella.

El midió el escaso metro que le separaba del vacío y movió los pies lentamente.

"Así", dijo la mujer, "Con las manos en los bolsillos y el cigarrillo en la boca".

Las manos del hombre se hundieron en los laterales del pantalón y el humo le hizo entornar los párpados.

"Gira la cabeza un poco a la derecha..." ordenó ella con un toque de ansiedad en la voz.

Él miró hacia el costado, hacia un punto impreciso y olvidado. Quería terminar con todo esto de una vez.

La mujer tomaba una foto tras otra y a medida que se acercaba a él, le ganaba la exitación, era como una experiencia sexual nueva, única, secreta, natural. Justo ahora que todo se iba a la mierda.

Cuando estuvo casi junto al hombre siguió tensa tras la cámara y susurró: "...solo unas pocas más...".

Él ni siquiera le miraba y tampoco le interesaba escuchar su voz.

La respiración de ella se volvía más agitada por momentos, eran como pequeños gemidos roncos que apenas se filtraban desde detrás de sus labios.

"Ya está la primera serie", informó y una gran sonrisa estalló en su cara mientras soltaba la cámara que quedaba colgando de su brazo por la correa. Con las palmas de ambas manos empujó el pecho del hombre con apenas fuerza.

Mientras el cuerpo volaba fláccido por el espacio integrado, ella volvió a empuñar el artefacto y a disparar una apurada segunda serie.

El cuerpo se perdió de vista y no hubo un sonido final de llegada a alguna parte.

Ella regresó de prisa al coche, sacó un cigarrillo de la caja abandonada en el asiento del acompañante, lo encendió sin necesidad de cubrir la llama con la mano y aspiró con los ojos entornados.

Las montañas le observaban quietas y mudas.

Tomó el móvil y marcó mientras que su otra mano descendía hasta la entrepierna.

Una voz neutra respondió desde alguna parte.

"Mi marido tuvo una accidente..." comenzó a decir con voz entrecortada y al instante alcanzó el orgasmo.

Publicado la semana 8. 19/02/2018
Etiquetas
Pictures at an exhibition, Paul Lewis , Fotografías , En la montaña, al borde del abismo.
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