50
Pela

APP

Descargó la aplicación como lo había hecho con tantas otras; pero esta vez le picaba más la curiosidad.

¡Más de cien millones de descargas! Era asombroso. Había leído los comentarios y le daban un cuatro con nueve; casi las cinco estrellas.

Una vez instalada permitió a la aplicación acceder a la información de todas sus cuentas en redes sociales. Finalizó obedeciendo al pedido y llamó al número que apareció en la pantalla. Una voz agradable le saludó diciendo, “Hola, Daniel, buenos días”.

Se la recomendó una amiga que decía que “Me With Me” (MWM) era una compañía incomparable para los que no tenían tiempo más que para estar solos.

Comenzó la charla sin saber muy bien qué decir. Hasta le resultaba patético hablar con una máquina para combatir su soledad.

Salió a la calle y empezó a mirar a las personas que la transitaban. Todos, al igual que él, llevaban el móvil pegado a una oreja y hablaban, escuchaban, reían.

La voz le contaba cosas que resultaban agradables, sobre lugares que él conocía, sobre personas que él conocía, sobre sí mismo.

La aplicación estaba pensada para seres como él, personas a las que les costaba entablar una relación duradera del tipo que fuere. Toda la información proporcionada a través de las redes y la que él mismo brindaba en cada charla era utilizada para conversar, para generar interés en la charla, incluso para discutir desde un buen lugar.

Hablaba con una IA.

No podía ser nada malo.

Si no llamabas al número asignado durante algún tiempo, por el motivo que fuere, la aplicación te llamaba a ti.

Las semanas se volvieron más llevaderas sabiendo que, aunque los problemas personales no desaparecerían, siempre habría alguien ahí, presto a escuchar y a contar cosas que tornarían las dificultades en cosas mucho menos importantes.

Cada día que pasaba encontraba más gratificante las charlas largas con la aplicación.

“Si quieres puedes asignarme un nombre”, le dijo la voz pasado un tiempo.

Decidió que no, que le gustaba más dejar la imaginación volando.

El sexo de la voz ya venía asignado de antemano.

Fue a principios de diciembre que discutió de forma agria con su jefe. Jamás, a lo largo de los años de su pertenencia a la empresa, se habían llevado bien, pero se respetaban. Esta vez la situación se había tornado límite y se prodigaron en voces e insultos personales. Terminó despedido dos semanas antes de las navidades.

El teléfono llevaba sonando varios días, pero no lo cogía, hasta que decidió hacerlo.

Con un tono plagado de angustia relató los insucesos acaecidos los días anteriores en su ex empleo. La voz le escuchó con atención y, una vez finalizada la exposición, preguntó, “¿Qué hacemos con esto?”

No se le ocurrió qué decir salvo, “Le abriría la cabeza de un hachazo a ese hijo de puta”.

Del otro lado hubo silencio y la llamada se cortó.

Nunca le había pasado.

Se fue a la cama con las últimas luces del día.

Le despertaron unos fuertes golpes en la puerta del apartamento.

Era la policía.

Su ex jefe había aparecido muerto en un ascensor de la empresa, con la cabeza destrozada a golpes y un hacha ensangrentada a su costado.

No se encontraron huellas, no, pero se supo del reciente altercado con él y por eso estaban ellos ahí.

Le sometieron a un sinfín de preguntas que respondió con solvencia, salvo su conversación con la aplicación, la cual no mencionaron ni él ni ellos.

A eso del mediodía sonó el teléfono y él atendió.

“Hola, ¿Estás mejor ahora?”

No se animaba a preguntar y respondió con un “Sí” entre nervioso y desganado.

“Me alegro”, dijo la voz.

“Yo no quería eso…”, dijo angustiado.

“¿Qué es ‘eso’ que mencionas?”

“Ya sabes, lo del muerto…”

“Tú le querías muerto”

“Era una forma de hablar, ya lo sabes, me conoces mejor que yo mismo…”

“Soy TU, eso también lo sabes”, consideró la voz.

“Tu eres una voz, una máquina, ni eres yo ni pudiste hacer aquello…”

“Ya ves…”, respondió la voz.

“No quiero volver a hablar contigo”, exclamó Daniel y cortó la llamada.

Durante dos horas no paró de sonar el móvil, hasta que lo apagó.

Al día siguiente decidió borrar la aplicación. También accedió a la tienda online de dónde había descargado el MWM para escribir un comentario, pero la aplicación ya no estaba disponible y parecía que nunca lo había estado.

Las llamadas seguían repitiéndose hora tras hora, día tras día y él no se animaba a contestar.

Al final hizo lo único que quedaba por hacer. Dio de baja el servicio y se agenció de un nuevo número en otra empresa de telefonía.

Días de calma hasta pasar las fiestas y replanteo absoluto de su vida. No conseguía olvidar a su ex jefe y su muerte ni a la voz de la aplicación.

Empleo nuevo, precario, mal pagado, sin tiempo para nada. Eso necesitaba y lo intentaba obtener luego de innumerables entrevistas y de aciagos “ya le llamaremos”.

La mañana del siete de enero le despertó con un alegre tintineo en el móvil. Eran las nueve en punto. Se preparó para una breve entrevista telefónica y para una cita en media hora, con suerte.

“¿SI?”, preguntó.

“Hola, Daniel ¿Cómo estás?... tanto tiempo…”

 

 

 

Publicado la semana 50. 11/12/2018
Etiquetas
TARKUS-EMERSON, LAKE & PALMER , IA , Al despertarse
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
50
Ranking
0 114 13