Semana
05
Pela

Derrotado

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Relato
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Llevó las yemas de los dedos pulgar, índice y mayor hasta casi rozar la redondeada superficie de la cresta de madera. Se detuvo en el último momento, luego de más de veinte minutos de probables fugas; se detuvo con los ojos fijos en el campo de batalla, como si allí se encontraran todos los "cómo" y los "porqué" y no lograra descifrarlos de forma urgente, necesaria, impostergable.

El reloj no cesaba de tictaquear nervioso a su lado como si tartamudeara su fracaso a cada segundo, pero le había sepultado en el olvido anónimo de los probablemente vencidos.

Quien estaba enfrente suyo no era relevante; un hombre desconocido, de gafas espesas y cabello engominado que disfrutaba del momento con una sonrisa en forma de tajo longitudinal que volvía más odiosa su faz, de por sí odiosa.

En el último instante apartó los dedos de la amada cresta, que no llegó ni a rozar, escondiendo el pulgar tras los dos dedos restantes estirados, empujando el penacho en cruz hacia un lado. obligando la derrota. Cuando el rey cayó no levantó polvareda ni exclamaciones de asombro. De un martillazo clavó el reloj once segundos antes del final, antes de que cayera la aguja roja de plástico.

Podría haber sacrificado la dama, seguro; podría haber intentado otra salida más elegante y haber prolongado la agonía reflejada en los labios finos de su antagonista pero, ¡qué joder!, algún día tenía que ser el puto soberano quien pagara las batallas perdidas y nos sus plebeyos.

"Hubiera sido mate en tres jugadas...", pronosticó el contrincante.

"Me la suda", respondió él y se levantó del asiento feliz, como si fuese un caballero andante, de esos de los cuentos...

Publicado la semana 5. 30/01/2018
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Brassens, Les compains d'abord , club de pueblo , distendido , juegos
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