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Pela

LA NOCHE EN LA QUE MURIÓ EL ABUELO

Desde la altura del tercer piso de la casa se escuchaba la voz a gritos del abuelo. Lanzaba insultos e imprecaciones constantemente y en todos ellos afirmaba que "todos" estábamos confabulados en su contra, deseando su muerte. Era inútil interrogarle sobre a qué se refería cuando decía "todos". La abuela, mamá, papá, los tíos, mis hermanos y yo mismo deambulábamos en redondo por el gran salón de la planta baja sin saber qué hacer o decir. El abuelo se moría creyendo que lo estábamos matando. Era inútil intentar consolarle o hacerle entrar en una razón que para él no existía; "todos" estábamos en su contra y deseando su muerte.

La única vez que entré a su cuarto y me senté a su lado para preguntarle qué era lo que le sucedía, dio vuelta su rostro con un dejo de desprecio y me dijo, "sois todos iguales". No volvió a hablar hasta que me fui.

Mi abuela, mis padres, tíos, hermanos y yo somos bastante diferentes entre nosostros, pero no a los ojos del abuelo.

Antes de exhalar su último suspiro tuve la oportunidad de acercarme a él en solitario, pese a que la habitación estaba colmada de familiares, y quise preguntarle, nuevamente, a qué se refería con su "todos". No respondió, solo me miró a los ojos y mantuvo, "sois iguales".

Al poco el abuelo falleció. No hubo un gran funeral, solo familia, algunos (pocos) amigos y algún vecino diligente.

El cementerio estaba frío tras la llovizna de fines de noviembre.

Llegados a casa nos distendimos lo estrictamente necesario.

Esa fue la primera noche en la que "todos" entendimos lo que quería decir el abuelo.

Esa noche descansamos en paz.

Publicado la semana 48. 28/11/2018
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