Semana
44
Pela

INVERNIA

Género
No ficción
Ranking
0 34 4

Esta ventana es todo lo que me queda para el resto del día.

El estado de vida comprimida que me muestra consta de un frente y un lateral de edificios iguales. No puedo jugar a imaginar lo que veo y, entonces, borro esa parte de la imagen.

Me quedan los árboles, que son dos. El más lejano es un sistema nervioso al borde del colapso, una estructura cenicienta que parece escapada de una hoguera. El más cercano es un pino y agradezco la verde amabilidad de agitar sus miles de manos llenas de dedos finos, como saludando al pasar. Pero ninguno de los dos, ni el pino ni yo, logramos sortear la aquietante barrera de las raíces y seguimos inmóviles, con los pies borrados.

A lo lejos hay cielo.

Qué tan lejos, sí está ahi?

Se cruzan un par de nubes, van de la mano, hablando, quizá, del viento seductor que las deshilacha con imprevistos golpes laterales.

Nunca entendí el idioma de las nubes, debe ser porque hablan en silencio.

Pero las he visto llorar.

Y cambiar de piel en alguna nevada.

No queda más por descubrir, solo ausencias: la ropa tendida en un balcón vecino, por ejemplo.

Me hubiera gustado que hubiera pájaros, aunque más no fuera alguna urraca mezquina (detesto su graznido demandante), pero los signos de vida están en coma inducido.

Antes de bajar las cortinas y adelantar la noche, entrego mis espaldas a las tres paredes que me cobijan sin ofrecer, pero sin pretender, nada a cambio.

Siempre me queda un suelo en donde pisar...

Y un techo para adivinar, antes de quedar dormido.

Publicado la semana 44. 30/10/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter