Semana
40
Pela

QUIZÁS MAÑANA

Género
Relato
Ranking
0 25 2

Entró al bar sacudiéndose el viento fresco de otoño de la chaqueta. Saludó en voz alta, pero no hubo respuesta. Buscó una buena mesa con la mirada y eligió una que estaba libre de platos a medio terminar. No fue a sentarse inmediatamente, antes se acercó a la barra en busca de unas monedas para la rocola. Ante la ausencia del cajero, metió la mano en la gaveta entreabierta y extrajo cinco euros de calderilla, dejando un billete del mismo valor en su lugar. La gran Janis Joplin y su "Cry baby" fueron las elegidas. De vuelta a la barra cogió un menú y lo ojeó sin necesidad, ya sabía a por qué iba: unas salchichas con patatas crujientes y dos huevos fritos, poco hechos. No había nadie visible, sacudió la cabeza y entró en la cocina. Vacía. Chequeó el aceite y estaba tibio; le dió gas. La plancha estaba encendida al mínimo. Más gas. El extractor funcionaba con un zumbido adormilado, como una mosca borracha. Canturreando entre dientes la letra del tema que sonaba en la sala, revisó las neveras hasta encontrar lo necesario para su cena. "Planchó" dos salchichas, sumergió una buena dosis de patatas en el aceite que, ahora, crepitaba mansamente y colocó una sartén sobre un fuego que estaba al mínimo. Más gas, aún. Allí fueron a parar dos huevos perfectamente redondos, con sus centros anaranjados y el halo conjunto, blanco y puro. Contento por su tarea le hizo un guiño al conjunto de alimentos que se movían inquietos en sus respectivos medios de cocción. Se sirvió la comida en una bandeja, abuundante y, al salir, camino de la mesa, decidió que también le apetecía una cerveza. Seleccionó una Budweisser bien fría de la vitrina. Antes de seguir adelante cogió un par más de monedas y una de ellas fue a sostener la banda sonora de aquella solitaria noche de pitanza. Se recrdó recordarse de devolver las monedas más tarde. Comió extasiado, los ojos fijos en el plato, la mandibula batiendo rítmicamente, el oído embelesado por la música, las manos conduciendo filos y trinchantes, la nariz obligada al placer y el paladar, cautivo. Al terminar la ingesta dejó escapar un sonoro eructo y, a continuación, una risa franca. "Perdón", dijo, mirande el alrededor ausente. Consultó los precios en el cartel de la barra y dejó un par de billetes por lo comido junto a las monedas que habían sobrado de la música. Se levantó, se puso la chaqueta y alzó el cuello de aquella para salir a la calle abrigado. "Gracias y hasta mañana", saludó al silencio.

Afuera estaba la ciudad vacía, sin coches circulando, sin peatones, sin mendigos en los portales, sin perros en los mendigos, sin gatos, sin ratas, con viento. El otoño se había vuelto cruel en poco tiempo. Resopló tal cuel lo hacía el aire al cruzarse en su camino. Se restregó las manos para calentarlas y empezó a recorrer neones con los ojos en busca de un hotel. Solo le faltaba algo de compañía, pero en los días que corrían, eso no podía ser. "Balmoral Grand Hotel", rezaba el cartel. Tres estrellas. Se encogió de hombros. Mañana, con más tiempo, buscaría algo mejor pero, hoy, el día tocaba a su fin.

Suspiró y pensó, mientras se arrancaba, con pasmosa facilidad, un enorme mechón de cabello de su cabeza y lo soltaba al viento.

El precio de la supervivencia...

Publicado la semana 40. 03/10/2018
Etiquetas
Cry baby-Janis Joplin
Compartir Facebook Twitter