Semana
39
Pela

JUEVES 27

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Relato
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La alarma de mi despertador sonó, como todas las mañanas de jueves, a las siete y treinta.

La chica del tercero B ya estaba en la ducha, como lo estaba de martes a domingo, independientemente de que mi alarma sonara o no. Era camarera diurna en un bar de Sol.

No hacía ni cinco minutos que el marroquí de la tienda de frutas había levantado la cortina metálica con el estruendo infernal que obligaba a los durmientes vecinos a cambiar de posición en los últimos momentos de sueño, antes de despertar.

El maestro panadero de la panadería de la proa de enfrente a mi piso, ya había dado el toque final a su elaboración y fumaba, tranquilamente, su segundo cigarrillo del día, recostado al muro de la puerta de atrás del obrador.

Dos o tres rumanos, jóvenes y despreocupados, en la esquina, apuraban lo que quedaba de la noche, inmersa en las luces del día, sin ninguna prisa, como un metódico ejercicio de urbanismo contrapuesto.

Mis mañanas, de lunes a viernes, comenzaban a esta hora, a las siete y treinta. Desperezado, somnoliento, apático, desapurado, con la vida obligada por delante.

Mis mañanas, de lunes a viernes, eran como la de muchos sábados e infinidad de domingos: mañanas sin mañana, tan iguales a miércoles o a viernes o, incluso, a martes o lunes salteado. Porquería de calendario...

Pero, hoy era una mañana, un día, especial, diferente, exacto, inflexible.

La madre del chico del tercero "A" hablaba con su propia madre por teléfono; le contaba, como todas las mañanas, los pormenores de la desmotivación que sentía como madre. Nunca supe qué le respondía su propia madre, la abuela del chico, pero no era muy útil su respuesta, la charla se repetía día a día.

Algunos automóviles comenzaban a moverse nerviosamente en las aceras de la cuadra. Como cada día. Tontamente, conociendo el redondel del inminente regreso al lugar original o a alguno parecido, metros más, metros menos, al final de la jornada... o al comienzo confuso de un nuevo mañana, aún antes de dar por terminado al "hoy" moribundo, a las puertas de su repetido renacimiento.

Pero este jueves era distinto, no importaba las peleas del matrimonio del tercero "D" del número 4 de la misma calle sobre la que yo despertaba, justo enfrente de mi ventana, no importaban los gritos, los desafíos, los perdones ocultos, los llantos oportunamente ensayados y practicados con solvencia.

Nada importaba hoy, jueves de fecha inoperante.

Nada importaba para mí, a pesar de ser el jueves más importante de mi vida.

Siete y media de la mañana. Alarma sonando sin ser aplacada.

El infarto sobrevino alrededor de las seis y cuarenta y cinco. Nunca supe si hubo en mí un atisbo de resistencia o una entrega total al designio. No son noticias de jueves, no es información que le pueda importar a alguien en particular. De hecho, a mí no me importa.

Este será un jueves más (27, lo enumero a modo de situación precaria)  para mucha gente, pero, para mí, será un jueves distinto.

Obviamente, el próximo viernes, o sea, mañana, me importa tres carajos.

Publicado la semana 39. 25/09/2018
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