Semana
32
Pela

PAPEL MOJADO

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Era una de esas mañanas grises en las que la lluvia ocupa con su presencia el cien por ciento de los centímetros cúbicos que abarca una mirada.

Había despertado con el empirismo a flor de piel y abrió la ventana que daba al patio trasero.

Dejó que el olor a tierra mojada se metiera en sus narices, sangre adentro.

Tomó de la mesa una hoja de papel con algún escrito nocturno que ya no recordaba y la sostuvo, por un ángulo, entre sus dedos pulgar e índice, ventana afuera, bajo el agua que descendía del cielo.

Las gotas comenzaron a golpear el folio y allí se fueron quedando atrapadas, esparciendo su delicado cuerpo líquido sobre la superficie escrita. Unos segundos después el papel colgaba de su mano y la tinta abandonaba las letras en todas direcciones conformando un idioma absurdo.

El papel se volvió pasta y, entre los dedos, se dejó amasar hasta ser una bolita blanda que contenía un mensaje hermético y oculto.

Arrojó la bolita al charco y vió como se deshacía en pequeñas partículas al estímulo del acuoso tamborileo que agitaba la superficie.

En poco tiempo, desapareció.

Quedó pensando que los papeles, por más importante que parezcan, por más promesas o compromisos que contengan, son tan solo eso: papeles.

Y que no resisten, la mayoría de las veces, al mal tiempo.

Cerró la ventana y se fue a desayunar.

Publicado la semana 32. 07/08/2018
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viento, dile a la lluvia-Lito Nebbia
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