Semana
31
Pela

ZEN

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Relato
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Se elevaba..., siempre se elevaba... como cuando elevamos sueños. Iba hacia arriba, siempre hacia arriba, hacia lo más alto.

Meditaba a todas las horas del día... y de la noche.

Jamás respondía una pregunta sin la necesidad de cavilar a lo largo de incontables minutos; a veces parecía no haber comprendido o que ya estaba olvidando lo preguntado. Cuando contestaba, evitaba lo concreto. Sus propias preguntas eran esporádicas y llanas.

Sus movimientos eran lentos, pausados, medidos.

Sus ojos parecían apagados, pero cuando te miraban notabas un punto de brillo, pequeño, profundo, que denunciaba la ausencia de un antiguo ser.

En su casa reinaba una asepsia casi clínica, matizada, eso sí, por unos finos aromas desprendidos en forma de hilos de humo de las varas de incienso.

La música también le elevaba. La música delgada, oriental, orientativa sobre el elevarse.

Su cuerpo soportaba o disfrutaba noblemente de posturas torturantes.Su alma iba a lo más alto.

Las lecturas eran rectas y básicas y las hacía desde un murmullo. Las lecturas también le elevaban más y más.

Comía poco y pocas veces y con las manos alimentaba ese cuerpo escuálido; pero su alma crecía como nutrida con leche de engorde.

Casi había abdicado del intelecto y los placeres terrenales le pasaban a través de sí.

Un día sin calendario trepó a una nube que pasaba por allí y se fue.

Cuentan que le vieron retornar a la tierra en forma de lluvia fina, regando unos campos azules al este de la vida.

Publicado la semana 31. 04/08/2018
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