Semana
04
Pablo López

Horizonte

Género
Relato
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Todo empieza como una película antigua, con una cuenta atrás. Siempre, antes de que me cojas del brazo, cierro los ojos y suspiro profundo como al final de esa canción que acaba contigo. Y todo cambia, porque nos volvemos un plural y nos ponemos acentos. Y entendemos que el amor es un diptongo entre dos vocales fuertes. Y nosotros una estrofa de un solo verso.

A veces creo que solo soy un personaje de libro. Estoy seguro de que un día me abrazarás fuerte con tu mirada de ciencia ficción y me susurrarás al oído que vienes de Plutón. Volaremos por el espacio hasta encontrar un pequeño planeta en el que el Cometa Halley nos permitirá pedir deseos cada noche. Entonces alguien escribirá “fin” y será el autor de la novela de amor más bonita del mundo.

¿Sabes? Eres tú el que me ha hecho creer en que todo esto es pura fantasía. Desde el primer día que te vi caminar he pensado que el ritmo del tiempo lo lleva el compás de tus pasos. Por eso me enredo entre tus piernas cada domingo a la mañana, para que todo se pare mientras acaricio tu pecho y besas mi cabeza; para que podamos ser la nada durante el rato que queramos y David Bowie cante para siempre. Por eso adoro que bailemos agarrados un vals, porque el mundo se mueve a cámara lenta y siento el roce de tus manos mientras apoyo la cabeza en tu hombro.

Suelo intentar buscar el sentido de todo en tus ojos oscuros, mirándolos fijamente hasta que me veo reflejado en ellos y me da vergüenza la cara de bobo que se me queda. Siempre he creído que los ojos claros están sobrevalorados. Entiendo que algunos vean el cielo en los azules, pero eso significa que nunca han entendido la profundidad de los negros. Ni que el brillo de las estrellas destaca más en la oscuridad.

Me gusta recorrer con mis dedos cada centímetro del lienzo en blanco de tu piel. Unir tus lunares como si fueran puntos e imaginar qué nombre les pondría a tus constelaciones. Descubrir cada una de tus galaxias y crear pequeños terremotos al hacerte cosquillas. Dormir abrazado a un infinito y ver cómo amanece mi mundo. Y descubrir como sale el sol cada vez que me sonríes.

Hace tiempo leí que, por mucho que avances, nunca podrás alcanzar el horizonte. Y por eso tu cuerpo tumbado en la cama a contraluz es mi horizonte favorito. Porque siempre he sido de querer llevar la contraria.

Publicado la semana 4. 27/01/2018
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