32
Pablo López

Para quedarte

Fue una noche de agosto después de la ola de calor. La luz del ordenador iluminaba nuestros cuerpos desnudos, tú sentado y yo de pie, apoyándome suavemente en tus hombros mientras miraba la escena en el espejo que teníamos enfrente. Fue entonces. Pusiste una canción del Kanka y, sin mirarme directamente a los ojos, disparaste una flecha que me atravesó y llegó al fondo de lo que sea que me hace cosquillas en la tripa. “Esta canción te la dedico”, dijiste y pusiste todos mis sentido alerta. Y erizaste cada uno de los pelos de mi brazo. Y paraste el movimiento de la tierra por cinco minutos. Rompiste el silencio con el sonido de una guitarra y dos corazones. Y yo solo pude abrazarte, mojando mi pecho con tu espalda sudada, y besarte la frente de la manera más sincera que jamás he sabido.

 

“Como si llevara aquí una eternidad,

Como si fuera a quedarse pa' siempre a cenar,

Como si fuera el principio de un largo final, no sé.

Acaba de llegar pero ya pilla el compás, no sé.”

 

Me abriste la puerta, me tomaste de la mano y recorrimos todo el mundo en solo tres días y dos noches haciendo escalas en tu cama. Aprendimos a entendernos solo con mirarnos para que el resto se preguntase por qué sonreíamos como idiotas. Leí en braille cada centímetro de tu piel para descubrir qué me contabas en secreto mientras te hacías el dormido. Comíamos galletas que mojábamos en café con hielo y batidos de mango. Éramos, sin ningún tipo de límite y sin ningún tipo de censura. Éramos como todos deberíamos de ser, pero como pocos se atreven.

 

“Como si llevara aquí una eternidad,

En mi trinchera para la batalla final,

Capitaneando mi bando contra la maldad, no sé.

Acaba de llegar pero ya sabe luchar, no sé.”

 

Te adoro. Te repetía esas palabras mientras te apretaba la mano en el aquel viaje en taxi que habría deseado que fuera eterno. Te las gritaban mis ojos cuando te perdías en su océano de café solo. Te la susurraban los besos que te di y los que todavía te debo. Te la escribí y borré miles de veces en mis mensajes de whatsapp. Te la tatué cada vez que mi dedo surcaba tu espalda.

 

“Como el recuerdo que nunca se va...

Como las noches que nunca se acaban,

Como la mano que no has de soltar.

Viene para acompañarme en este caminar.”

 

Me fui y aunque sabía que íbamos a vernos en solo unas semanas, se me quedó un nudo en la garganta que tuve que tragarme. Escribo esto y aunque sé que en solo unos días volveré a estrujarte, se me caen las lágrimas como si se tratara de una despedida. Te pensaré antes de irme a dormir y aunque sabré que te cogeré de la mano antes de que llegue el frío, abrazaré mi almohada como si tú compartieras mis ronquidos.

 

“Como si llevara aquí una eternidad.

No nos pedimos permiso para preguntar.

No hay reglas, no hay contratos, es todo ilegal, no sé.

Solo se pone a mi lado, así tan normal, no sé.”

 

Fue entonces. Pusiste una canción del Kanka y, sin mirarme directamente a los ojos, disparaste una flecha que me atravesó y llegó al fondo de lo que sea que me hace cosquillas en la tripa. Fue entonces cuando me di cuenta.

 

“Si se trata de ti te hago hueco aunque esté lleno.

No hace falta decir que en tu guerra mato y muero.

Sabes bien que esta casa es tu hogar.

Y yo ya sé que vienes para quedarte...”

 

Yo ya sé que vienes para quedarte.

Publicado la semana 32. 12/08/2018
Etiquetas
Para quedarte - El Kanka
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
32
Ranking
0 626 0