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03
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Permíteme ponerte una norma. Solo una. Lee esto del tirón antes de decir o hacer nada más. Por favor, solo eso.

Hace tiempo que no escribo nada pensando en ti. Y hoy tengo una noche intensa y mientras escucho música triste y tengo encendidas las lucecitas led que hacen que este cuarto pueda parecer que no tiene gotelé amarillo ni un montón de trastos que quizás ni me importan, me ha dado por tomar el portátil y escribir la carta que nunca jamás llegaré a enviarte..

Es irónico que esa imagen sea una manera perfectamente válida para describir nuestra relación. Una carta que nunca llegaré a enviarte. Y mientras la luz blanca del portátil se refleja en mi torso desnudo y en una cara que dejaste empapada en lágrimas, recuerdo todo lo que hemos sido, hemos hecho, somos y seremos. Pero sobre todo pienso en lo que no seremos, en lo que no seremos nunca.

Y es que te he oído decir muchas veces aquello de que tú ya estás de vuelta y yo acabo de empezar a dar mis primeros pasos. ¿Y sabes lo malo? Que tienes toda la razón. ¿Sabes otra cosa mala? Que no sé por qué, pero eso me quema un poco por dentro. ¿Y sabes lo peor de todo? Que estoy acojonado. Acojonado por sentir que vivo en un pulso constante por no perder a alguien que me ha aportado tanto en mi vida. En un pulso constante por no perderte.

Pienso en cómo coincidimos un domingo que buscaba un polvo que rompiera mi aburrimiento y como estuve a punto de decirte que no por ser casi las nueve de la noche. Pienso en la primera vez que te vi, en los primeros dos besos, en la primera vez que te miré a los ojos.

Y ya va todo encadenado. Recuerdo como en aquella terraza de bar pensé en lo poco convencional que eras y en cómo me gustaba eso. Subimos a tu casa y me besaste en el ascensor. Joder, besas que flipas, tenía que decírtelo. Acabamos en la cama y nos fundimos en uno. Vamos, la manera bonita de decir que follamos. Pero la cosa no quedó allí. Nos tapamos y nos miramos frente a frente, tumbados en la cama. Y no te puedo decir todo lo que hablamos ahí. Y no te puedo decir si fueron dos minutos o dos horas. Lo que sí que te puedo decir es que pocas veces he disfrutado más de estar en una cama con alguien. Y que has sido la persona que me enseñaste que echar un polvo puede ser lo segundo mejor que te puede pasar.

Tienes un brillo especial en los ojos. Y cuando sonríes o guiñas un ojo, es una pasada. No sé explicarlo con palabras, pero te juro que es una pasada.

Y es que solo quiero decirte que yo también tengo una contradicción muy fuerte dentro. Porque, joder, claro que puedo enamorarme de ti. Tienes muchas de las cosas que busco en esa persona que espero que aparezca. Y también tienes muchas que no, pero que encajan. Joder, claro que puedo enamorarme de ti. Y no me da miedo. Y me da miedo que no me dé miedo. Pero por otra parte me estás haciendo conocer muchas cosas. Y sí, voy a usar una palabra comodín como “cosas”, porque no creo que mi cabeza en este momento dé para mucho. Lana del Rey suena muy alto en mi oído. Y mis dedos han cogido velocidad.

Es que contigo he aprendido de cine, he visto películas que quizás me hubiera perdido y he descubierto canciones que marcan mi banda sonora personal. He tenido varias de las mejores conversaciones que he tenido nunca. He descubierto lo bien que funciona una ducha entre dos personas, lo bien que se duerme abrazado a ti y lo bonito que puede ser el roce de dos manos derechas. He sido yo sin esconder nada y sin miedo a que nadie me juzgue ni se avergüence de cómo soy.

Ojalá hubiéramos coincidido en un tiempo correcto. Un tiempo correcto que nos hubiera dejado incluso rompernos el corazón si fuera necesario. Pero que nos hubiera dejado pensar en un sí. Un sí que no fuera injusto para ti, no fuera injusto para mí, no fuera injusto para nosotros.

Y así va esta mierda. Tengo miedo de perderte y de dejar de descubrirte, aprenderte y vivirte. Pero tengo miedo de que todo acabe mal, horriblemente mal. Tengo miedo de que sufrir. Pero sobre todo tengo miedo de que sufras.

No sé si estoy haciendo bien escribiendo esto. Pero al final quería soltar todo lo que siento escribiendo, que se me da mucho mejor que hablar. Y de noche no se toman siempre las mejores decisiones, quizás por eso nos conocimos una noche de domingo. Una noche de domingo en la que buscaba un polvo que rompiera mi aburrimiento.

Publicado la semana 3. 21/01/2018
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