Semana
09
P. G. López Ilich

¿Qué tienes en común con Mao y las montañas rusas?

Género
No ficción
Ranking
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Esos ojos que del brillo te dejaron ciego 
Y las veces en las que lo áspero se vuelve tierno y se lo cuentas al cuaderno
Grabo en el infierno

[…]
Viviré mientras que el alma me suene
Mientras que de algo a alguien que me llegue, que me llene

…-Folie à trois

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   Las cosas ni me salen bien ni me salen mal, simplemente me van saliendo. Tampoco sé cómo. Me recuerda a que en una biografía de Mao leí que él entendía la vida como una montaña rusa, y que eran sus respectivas subidas y bajadas lo que la hacían merecedora de ser vivida. El biógrafo –no sé si hago bien o no en no recordar su nombre- indicó que Mao se deshacía así de las críticas por su injusto trato a los campesinos. No sé si esto es cierto o no, tampoco me importa, porque lo importante es la metáfora expuesta.
   Estamos sufriendo las primeras nevadas de alerta roja en la historia del suroeste inglés. Como no tenemos dinero para calefacción por ser estudiantes, como de pie apoyado sobre el horno ya apagado, pero ligeramente abierto, trago tazas de Earl Grey como memes los millenials, y apoyo demasiado brazo en el portátil que no apagué precisamente para este propósito. No pensaba escribir hoy. No pensaba tener que salir de casa para reunir provisiones. Si hay algo en lo que tampoco pensaba era en el frío. Mi abuela siempre dice que quien mantiene sus pies calientes mantiene su cuerpo caliente también, pero yo creo que el frío se te cuela por la cabeza. El frío se alimenta de tus pensamientos y se extiende hasta el alveolo más minúsculo, hasta el último capilar de tu dedo gordo del pie, hasta lo más profundo de todos tus huesos. Te secuestra.
   ¿Calor, dónde estás? Sí, en el Estado español, pero solo pensar que en poco más de dos semanas estoy de vuelta en la sierra para las vacaciones de Semana Santa se me agita la respiración. España es el nuevo Comala, y nunca es contraproducente pasear por las ruinas de pueblos que viven de esnifar el humo de hogueras antaño apagadas. Todo lo que nace en España no está destinado a morir, porque nace ya muerto.
   El frío sé que anda en Inglaterra. Se te cuela dentro como los bichos cuando duermes, y poco a poco te va comiendo. Se dice que, si calientas una cacerola de agua con una rana dentro, al ser progresivo ésta no huirá y acabará por morir. Ahora mírate al espejo, y no te sorprendas si de repente notas que has enverdecido, se te ha estirado la lengua y te han crecido ancas.
   Muy de vez en cuando, como cuando te encuentras dinero por la calle, te encuentras con un libro, una persona, un sitio que te empuja a una burbuja. El frío y el calor dejan de existir. Es más, ¿qué son? ¿Alguna vez han existido de verdad? Hacía mucho tiempo que no escuchaba a Folie à trois, no porque lo bueno si breve dos veces bueno, sino porque es una inyección multivitamínica que te dura para muchas semanas. La canción, , no me ha entrado por la cabeza como el frío o el calor. Me ha abierto el pecho, no como una ventana sino como quien pela una cebolla. La canción se aloja en tu corazón, sabiéndose bienvenida, y pasa a distribuirse por tu cuerpo. En cuestión de lo que dura un parpadeo, te ves en volandas por la canción. Como en un sueño lúcido, eres consciente de lo que está pasando aun sin poder hacer realmente nada. ¿Acaso querrías? Yo, como sabéis, no escribo, cuento. Tendremos más o menos momentos como los de la canción, pero lo mágico es que son tan impredecibles como incontrolables.
   No obstante, ¿son el frío y el calor controlables también? ¿Es deseable controlarlos? ¿Acaso es deseable también nunca sentir ni frío ni calor? Quizás la solución pasa por la indolencia completa, y observar a tiempo completo, pero te imposibilita de sentir. O quizás es mejor apretarse el cinturón y santiguarse sabiendo que hay un final. Quizás debamos disfrutar del calor, del frío, de la abstracción, anularlos como tal y entenderlo como un simple viaje. Ahora imagina:
  Estamos tú y yo al lado en pleno viaje de montaña rusa. Según terminamos de subir y empezamos a bajar y se nos estira la cara, te empiezo a gritar algo al oído. Muchas palabras se las lleva el viento, y otras tantas las entiendes como puedes mientras me dejo la voz. Pues es este texto.

Publicado la semana 9. 02/03/2018
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