Semana
23
P. G. López Ilich

19 años de Schrödinger

Género
Relato
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Es raro - me quedan 33 minutos de estado Schrödinger, en el que tengo 19 años en Reino Unido y 20 en el Estado Español. Solo me ha felicitado Ainize por el momento:
“buhitoooo <3 <3 <3 felicidades!! :D :D :D que bueno celebrar que naciste!! te mando un abrazo super grandeeee :) k te kiero muxo lexeee”. Ahora mismo me acaba de avisar el móvil que lo que está al caer, hace meses que creé un evento en el calendario del móvil para hoy, con el título: 20… Pues en este aspecto, como en tantos otros, me quedo con Inglaterra.
   Hace dos años escribí ‘La quietud de vida del boxeador que ya no es peso pluma’, en la tarde anterior a cumplir la mayoría de edad, en el que rompí mis reglas autobiográficas escribiendo un sueño que nunca tuve, plagado de miedos, ansiedad y asfixia. Recurrí a la metáfora, a la incongruencia de la narrativa onírica, a un cristal que dejaba ver el dolor sobre un proceso inevitable. Cumplí dieciocho con la persona más importante que ha pasado por mi vida, comiendo tarta de chocolate en La Oveja Negra, bar vegano, en Lavapiés. He cumplido los veinte españoles cagando. Me fui a sentar y casi me caigo dentro (gracias, compañero de piso que no quiere salpicar al mear), el agua de abajo estaba bien fría. Puse la tapa y me sequé las nalgas.
   Me quedan veinte minutos para tener 20, estoy escuchando a Sia mientras como galletas de jengibre al lado de mi cama deshecha. Tengo mi pijama semi-doblado encima, junto a tres libros: I Know Why The Caged Bird Sings de Maya Angelou, In Arabian Nights de Tahir Shah y A Moveable Feast de Ernest Hemingway. Si hubiese escrito esto hace dos años exactos, hablaría del sonido de sus besos en mis labios y mejillas, de la tarta deshaciéndose con la presión de mi lengua, y lo alto que estaba el taburete del bar. Cuando pasaron las 00:00, recuerdo haber dado un trago largo a la Fritz-Kola que me permití por mi cumple. El sexo, el búho de Moncloa, el camino por las calles de Villalba, desiertas, llegó después, y en ese orden. Supongo que cuando todo lo que quiero decir se termine de contar, podré levantarme de esta silla a prepararme un té.

Y me levanté a preparme un té, por lo que el relato nunca se acabó. ¿O sí?

Publicado la semana 23. 10/06/2018
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