Semana
17
P. G. López Ilich

Oye, primo, ¿sí o qué?

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Relato
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¿Hay algo que de más miedo a un escritor que una hoja en blanco? Pues no lo sé, porque yo no soy escritor. Solo escribo: hoy a las 00.15h, después de cenar patatas fritas con lombarda rehogada con piñones y ajito, habiendo dormido tres horas el día anterior (¿sí o qué?). Pondría jajaja porque después de escribir esto me he reído, pero qué feo queda. Mi energía psíquica está por los suelos hoy (¿sí o qué?), pero cuando te cagas pues sea como sea buscas un váter (¿sí) Y este relato será una soberana mierda (o qué?). De las de verdad. Creo que ya le podemos (¿podemos? ¡qué cabrón es, incluyéndoos!), sí, podemos, buscarle un uso alternativo, y desde luego mucho más útil, a esas páginas en blanco.
   Escribo porque quiero saber acerca del profesor de budismo con tesis sobre LSD y meditación, acerca de la vieja con bata de estar por casa que ronda la esquina del bar de la Plaza de la Estación y que siempre que me ve me pide un cigarrito, acerca de los dos cuarentones divorciados que están tonteando en los asientos de enfrente en el bus como hacíamos nosotros en la época Tuenti. O no, quizás no escriba para eso, para qué mentiros. Es como muy obvio, ¿no? (Sí.)
   Ay, ay, ay, que me conocéis demasiado bien para saber que si escribo es porque algo me pasa. ¡Qué ególatra, sólo escribe sobre él! Bueno. No puedo escribir sobre algo que es ajeno a mí. Toda literatura es autobiografía. ¿La mía? Explícita.
  Escribo ahora porque distrae (¿y de qué?), el monólogo interior en alto calma y puedes jugar con ello. No hace falta escribir para ser manipulador, pero sí lo último para lo primero. Esta es nuestra mayor posible confesión.
  Y oye, primo (¡primo! ¿cuándo dice él primo?), pues AHORA joder, lo estoy diciendo ahora. A lo que iba, ¿todavía sigues escuchando esa voz en tu cabeza?

Publicado la semana 17. 29/04/2018
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