10
P. G. López Ilich

[Mitología feminista #3] La inaccesible victoria

Mashishasura, hijo del rey demonio y una búfala, era famoso por su intensa devoción. Solía ayunar durante días, semanas, meses, ocupando su tiempo en rezar apoyando una sola pierna. Concentrado únicamente en su creador, Brahma, hizo el mundo temblar como consecuencia de la fuerza de sus penitencias. Brahma (o Shiva según quién relate la historia) contento con su empeño, decidió otorgarle sus bendiciones. Mashishasura pidió la inmortalidad, y ante la negativa del dios se conformó con que ningún hombre, dios o animal pudiese matarle. Además, adquirió el poder de transformarse a su antojo.
   Mashishasura, consciente del alcance de su poder, reveló sus verdaderas intenciones: y asoló el mundo. Insatisfecho aún, marchó hacia la morada de los dioses, devas. Desencadenó una batalla que duraría diez años entre los demonios, bajo el mando de Mahishura, y los dioses, Indra a la cabeza. Los demonios, mayores en número y en habilidad, terminaron por expulsar a los dioses. Éstos buscaron refugio con Brahma, huyendo a las montañas. Brahma a su vez reunió a todos en Vaikunta, el hogar de Vishnu.
-Oh, gran Vishnu, ¿qué podemos hacer? Con los regalos de Brahma, el malvado demonio Mashishasura no solo nos ha derrotado en batalla, sino que ocupa nuestro trono. No puede ser matado por dios, hombre o animal.
-He ahí la clave para resolver este asunto. Será una mujer quien ponga fin a su vida y reestablezca el orden en el cosmos.
  Vishnu entonces concentró todo su poder en un haz de luz, e instó a Brahma, creador, y Shiva, destructor, a imitarle. Unieron todas sus fuerzas, e incluso la de otros devas como Agni, Kumera y Yaba. Tal luz irradiaba el torrente de energía que ni los dioses más poderosos se vieron obligados a taparse los ojos. Formaron a Durga, la inaccesible, la impenetrable, la invencible. La dotaron de todas sus armas, cada un propósito distinto. Su montura y compañero es un tigre, símbolo de victoria sobre el mal. La diosa guerrera, manifestación de todas las cualidades de todos los dioses, no perdió tiempo en cabalgar para derrotar a Mashishasura.
   El demonio, como quien aplasta una mosca con el dedo, mandó una patrulla a acabar con quien pretendía molestarle. Uno tras otro, la diosa guerrera destruyó a cada soldado que acudía a matarla. Mashishasura, cada vez más consternado y confuso, mandaba a cantidades mayores de guerreros, con mayor experimentación. Durga se replicó, aniquilándolos a todos, incluyendo los generales de más alto rango. El demonio, enfurecido, marchó el mismo a terminar con Durga. ¡Qué insolente!, pensaba Mashishasura, esta mujer tan creída se cree que puede acabar conmigo.
   Haciendo uso de sus poderes, el demonio se transformó en un apuesto caballero, y se acercó a Durga:
   “Oh, bellísima flor de loto, las flechas del amor han atravesado mi corazón. Sería para mí el mayor honor poder ser tu amante.”
   La diosa rápidamente le desestimó, forzando a revelar su verdadera identidad. Lo que continuó fue una sangrienta batalla de diez días.
   “Transfórmate cuanto desees. Si búfalo, te decapitaré. Si elefante, te llevaré al suelo y ensartaré. Si humano, te atravesaré el corazón.”
   El demonio, con los ojos a punto de explotar de rabia, intentó por todos los medios dañar a la diosa. Durga acabó por penetrar su pecho con su tridente, y volvió victoriosa a Vaikunta. Los dioses la cantaron, la alabaron y compusieron su hazaña:
Madre, has creado el universo. Eres la fuerza de todos. Dioses, sabios y semi-dioses se arrodillan ante ti. Incluso Brahma, Vishnu y Shiva te veneran, desconociendo tu inmensa fuerza. Porque eres sabia y rica, y no tienes piedad contra tus enemigos. Eres fortaleza, modestia y respeto. Siempre has estado aquí y lo estarás siempre. Eres la fuente de Todo, eres Naturaleza, eres la Salvadora del Cosmos.
La renombraron Mashishasura-Mardini, la que asesinó a Mashishasura. Durga se había convertido en la diosa guerrera para siempre, aquella de quien muchas otras nacerían: Kali, Saraswati y Lakshmi… Durga arriesgó su vida por salvarnos de la destrucción, es el amor que manifiesta e irradia el que la llevó a combatir. Es el amor que te da, es el amor que debes aprender a practicar.

Publicado la semana 10. 11/03/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
10
Ranking
0 130 4