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Oban PinRut

La Casa de la Alegría

La casa de la alegría está en medio de un huracán de verano que eleva largos velos suaves de colores, enganchados en chimeneas, antenas y tejas, ondeantes contra el Sol y bailando con el Viento.

En la casa de la alegría se suben las escaleras de tres en tres y estamos siempre medio borrachas. Él hace la cena y nosotras los hijos, y los pies siempre van sucios de un sitio a otro porque los zapatos sobran.

La casa de la alegría está en una montaña verde y el vecino nos ha visto haciendo el amor en el jardín. 

Ella estaba tomando el sol en la tumbona amarilla y yo le ponía crema, empezando por los pies, sin mirarla a los ojos, hasta que se ha echado a llorar. Entonces la he abrazado, y cuanto más la abrazaba más lloraba y se agarraba a mí. Su cuerpo temblaba pálido y blando contra el mío y la he empezado a besar. Toda su boca húmeda contra la mía, y mi mano ha ido directa a su coño cerrado mojado abultado suave impoluto. El llanto ha parado y sus ojos se han abierto, tranquilos. La he vuelto a besar en la boca, y luego en el coño que se ha abierto, tranquilo.

Ha aparecido él y se ha indignado. Quédate a mirar o fuera de mi vista, le he dicho. La he vuelto a mirar a ella, que estaba confusa, y he empezado despacio de nuevo, cuando he notado que él se acercaba. Se ponía, desnudo, a los pies de la tumbona, y empezaba a follarme en el momento en el que el bebé ha empezado a llorar, dentro de la casa. Para cuando yo cruzaba el jardín (y saludaba al vecino, que nos ha visto) ellos ya estaban follando y ella lo abrazaba y decía su nombre sorprendida y feliz. Me he quitado el velo morado y lo he lanzado al viento y ahí se ha quedado, ondeando con los otros que casi me lleva volando, celebrando la alegría de esta casa.

Publicado la semana 13. 01/04/2018
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