Semana
09
Meri Catania

La espera-II

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Relato
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¡Luisa!¡Luisa! ¡Despierta¡_Los recuerdos opacos dibujan figuras nítidas y las caras angustiadas que me rodean no me dicen nada. Por unos instantes no se quién soy.

Una voz amable me dice:

_Tranquila, hija, tranquila. Soy enfermera. En-fer-me-ra –recalca las sílabas. Supongo que mi cara refleja estupor o sorpresa o algo. La amante del General me hace levantar. Me saca de la barra hacia la cocina. Alexia, mi compañera rusa, ya había traído el botiquín.

_Me llamo Elena _dice la mujer mientras enrolla más gasas sobre el paño que han utilizado para cortar la hemorragia. No respondo, así que decide seguir hablando. De repente se gira hacia Alexia y le dice algo en su idioma. Me pilla por sorpresa. Apenas he cruzado unas pocas palabras con Alexia durante las tres semanas que llevamos compartiendo la barra. Alexia sale, y Elena como respondiendo a la pregunta que no formulo comenta:

_Estuve una temporada en Sarajevo_. Hablaban serbio, y Alexia no era rusa sino de Dubrovnik. Me siento doblemente iluminada y culpable de mi ignorancia. Me arrepiento de mi mutismo y me doy cuenta  de que llevo seis meses trabajando en La Covacha sin saber poco más que el nombre de mis compañeros. Hace ya seis meses que " El Difunto" se fué a comprar cigarrillos y para mi alivio, en parte, no había regresado. Después del desconcierto inicial, de su extraño comportamiento durante el último año y de unas lloreras copiosas, decidí enterrarle. Nunca pronuncio su nombre. Para mi seguirá siendo “El Difunto”. Robarle el nombre es mi venganza. Él me ha robado  seis años de mi vida.

            Elena interrumpe mis pensamientos y me explica que el corte es demasiado profundo y que van a llevarme al hospital para coserlo. Brotan las lágrimas sin demasiado sentido, no tengo miedo, ni siento dolor, sólo me autocompadezco y me da rabia sentirme así.

__Santiago espera fuera con el coche _Elena me conduce hasta el vehículo y se sienta conmigo en el asiento de atrás. Hay más de veinte minutos al hospital más cercano. Elena toma el mando y Santiago, el “General”, obedece . Durante el camino no puedo evitar ser indiscreta:

__¿Ustedes se conocen desde hace mucho?__creo que hasta enrojezco mientras lanzo la pregunta mirando hipnotizada la nuca del hombre que conduce concentrado. Se gira brevemente asintiendo con la cabeza.

_20 años__dice. Elena reformula la afirmación.__Hace 18 años nos conocimos sí …hemos sido amigos estos dieciocho años…En la distancia..__ella sonríe divertida  y él parece azorado.

                        Sigo pensando que parecen más que amigos pero me da apuro seguir interrogándoles. Llegamos al hospital, Santiago aparca el vehículo en la puerta y nos deja. Elena me guía, conoce los pasillos y las salas, me explica que ha trabajado allí durante mucho tiempo. Abre la puerta de una especie de cabina de curas y me encuentro de nuevo con los ojos oscuros de Santiago que resaltan aún más por la blancura de la bata y los guantes de latex. No se si sonríe porque lleva mascarilla pero me lo parece.

            Las manos de Santiago ya no tiemblan, son precisas en sus movimientos, durante la sutura él me habla para distraerme . Elena le ayuda en todo momento hasta que le llaman al móvil y sale :

__Elena y yo nos conocimos en la guerra de la antigua Yugoslavia. Yo estaba destinado allí como médico de una ONG. Elena llegó revolucionando todos nuestros sistemas de trabajo. Como jefe de hospital tuve peleas continuas con ella, quería mangonearlo todo—Santiago  hace una pausa y continua directo_ Me enamoré. Estaba casado. Fue un año intenso y luego volví a mi casa.

En este punto de la historia  calla. Sentimos llegar a Elena  que continúa el relato

_ Permanecí en Sarajevo otros 6 meses y Santiago no dio señales de vida. Aunque era lo acordado, yo sabía que estaba casado y no quería inmiscuirme más deseaba tantísimo volver a verle que al regresar a España intenté contactar con él por carta. No hubo respuesta. Un año y medio después me casé.

En ese momento se hace un silencio incómodo. Santiago retoma el discurso mirando a los ojos de Elena __Cinco años más tarde murió mi esposa y  te  fui a buscar pero era tarde . Tenías dos hijos muy pequeños y me dijiste que eras feliz.

Santiago, que continúa mirándola, añade_ Cuando mi mujer murió, encontré tu carta  entre sus cosas…no supe que me buscabas. Y yo era feliz con Rosa.

Un sentimiento de amargura  comenzaba a invadir mi cuerpo y mi mente. Se mantenían la mirada  y sentí que yo era translúcida, un testigo mudo. Elena replicó:

__ Comencé los trámites de divorcio solo unos meses después de tu visita y te envié una nota…

Santiago mirándome a los ojos me explica_Una fecha y un lugar para quedar …

¡ Para quedar 4 años más tarde¡. _exclama Elena riéndose a carcajadas y saliendo de la sala . La llamaban de nuevo al móvil.

Perpleja le pregunto a Santiago:__¿ Y la has esperado  4 años ?

Lo decidió ella. Su pequeña venganza _Me guiña el ojo y añade __esperar no quiere decir dejar de vivir. La he llamado todos los días desde que recibí su nota .

Me gana la simpatía del hombre. Me siento confusa. He dejado de vivir durante tanto tiempo que se me han escapado  oportunidades para ser feliz. No pienso en “El Difunto” ni en el “Hermosísimo” en particular sino en la espera indeterminada de algo, un milagro, un cambio, algo que sea el detonante de un futuro mejor. Pienso en mis padres, en mi huida y siento que he perdido el tiempo estando enfadada por todo.

Cuando llego a mi apartamento, sobre la mesilla, el móvil rojo agranatado está esperando. Lo tomo, respiró hondo con los dos primeros timbrazos. No necesito ninguna nota para saber que la espera debe concluir...Una voz masculina responde al teléfono  y le contesto:  Papá soy Luisa.

 

Publicado la semana 9. 26/02/2018
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