Semana
06
Meri Catania

Malouk, más allá del hielo

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Relato
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Una especie de algodón frío que se derrite con el tacto y se acumula formando capas endebles. La nieve es agua cristalizada que se genera en las nubes y cae en forma de copos. Está compuesta de cristales estrellados que son difíciles de apreciar a simple vista. Existen muchos tipos de nieve. En Islandia  los esquimales reconocen hasta ochenta variedades diferentes según la calidad de la misma. Es indispensable para su supervivencia.

La nieve cuajada sobre las cumbres brilla guiñando sus ojos de luces intangibles. Los colores de la nieve virgen a los ojos de un profano  se unifican en el blanco. Pero hay tantos matices en las joyas de cristal que componen ese manto que se podría escribir un tratado extenso.

Malouk conoce bien su consistencia, su esencia, su sabor, su dureza al cuajar, las diferentes formas de caer: sin prisa y sosegada  o díscola y  desordenada  como en la ventisca. En esos instantes, cuando el enfado de los espíritus se hace materia y estalla la ira del cielo, la lucha es espléndida.

El joven se desliza en su trineo alejándose de la estepa hacia los grandes hielos. Su pueblo no podrá superar un nuevo invierno como antaño. No hay comida para todos. Los alces y los renos ya no habitan estas tierras. Se desplazaron al Sur hace tiempo. Un oso aparece y desaparece de su vista al menos tres veces. Malouk siente una corazonada hay algo  fatídico en esa visión.

Alguien le espera en un remoto lugar, en la montaña de hielo. No necesita su kayak. Solo sus perros y su trineo. Se prepara para un viaje quizás sin retorno. La melancolía se derrite inundándole de tristeza. Hay una  ausencia insuperable dentro de su corazón. Su hermano  pequeño  partió hace ya diez días  a la ciudad. No puede evitar sentir cierta desazón. Malouk adora su vida y no piensa en dejar su pueblo a pesar de todos los esfuerzos de las autoridades para insertarlos en un mundo de hormigones grises. Ha decidido que no quiere  ir de nuevo  a la escuela y se escapa  hacia el Círculo Polar. Su decisión tan firme como los grandes icebergs se resquebraja pensando en el fracaso. Quiere emular a los antiguos y finalizar la ruta para hacerse un hombre. Orienta el trineo hacia el Norte.  El roce de las cuñas rompiendo la capa escarchada es la música más exquisita que se puede escuchar. La dama blanca que reina en el invierno manejará a su antojo su destino, es parte del juego natural de la supervivencia. La reina, a capricho, escoge un corazón donde colocar su mano helada. Hoy será el suyo. Una voz antiquísima le susurra desde el desierto blanco. Malouk ha escuchado el sonido del viento llamándole, el aullido de los lobos.

Siente el frío que le cuartea el rostro. Su piel curtida no le protege la cara. Lleva horas viajando. Sabe hacia dónde se dirige: allá donde sus padres y sus abuelos habitaron   hace muchos lustros. Un lugar sagrado en la Ruta del Norte  donde por la antigua ley los ancianos se marchaban para  morir y los niños viajaban para hacerse hombres. Allí pasará suficiente tiempo como para cumplir los dieciocho. Luego volverá  en unos meses y nadie podrá obligarle a ir a la ciudad. Comienza la despedida del sol y debe encontrar el lugar exacto. La noche invade los extensos parajes revocando su derecho a la luz.

Una luna espléndida domina el firmamento. Malouk siente que ha llegado a ese punto mágico que buscaba. Guiado por su instinto de cazador, leyendo el abecedario de los hielos, las señales comienzan a cobrar un sentido desconcertante. Siente que no está solo, la nieve ha sido removida no hace mucho tiempo. Los perros jadean, se detienen, hay una capa de hielo demasiado fina. Indican un paso distinto. Alguien ha intentado cruzar el lago helado por un punto demasiado peligroso. Es imposible que sea  su gente. Quien fuera tenía prisa y era  demasiado inexperto. Aguza el oído, los perros ladran inquietos. En la semioscuridad vislumbra un bulto extraño.

Malouk piensa que puede ser un hombre. Quizás se hundió su trineo  y ha conseguido permanecer sobre la capa de hielo. El bulto no se mueve es apenas perceptible salvo para ojos acostumbrados  a la penumbra. Malouk estudia la situación del bulto. No puede calcular bien la estabilidad de la capa de hielo pero sabe perfectamente qué hacer. Coloca el trineo en dirección contraria al lago. Se ata a la parte de atrás  y comienza a reptar rozando la superficie con la delicadeza de una pluma. Los movimientos tienen que ser suaves, no puede equivocarse. No sabe si el hombre está vivo o muerto pero no puede dejarle ahí. Sería su fin.  Malouk  consigue llegar y toca las piernas, no se mueven, se desata y pasa un lazo de cuerda  alrededor de los tobillos, deshace su camino  siempre teniendo la cuerda entre las manos. Cuando llega a una zona segura jalea a los perros  que tiran con fuerza  arrastrando el bulto hacia donde está Malouk.  El hielo se resquebraja pero no cede. Se oye una especie de quejido sordo. Malouk coge una linterna e ilumina el rostro del hombre. Está semiinconsciente  pero el tirón le ha hecho sentir dolor, aún está vivo. Lleva un equipo moderno para la nieve que le ha protegido. Obviamente es un científico de una base del Norte, lleva los logos de una compañía  muy conocida impresos en el chaleco. Es raro que esté solo.

Malouk pasará las siguientes horas reanimando al hombre. Enciende fuego, y consigue finamente que le hable. El hombre tiene una pierna rota y se la entablilla. Cuando alcanza la consciencia le habla en Inglés. Malouk apenas sabe unas pocas palabras de esa lengua pero entiende que iban dos hombres de expedición. Supone que el otro hombre yace en el fondo del lago por los gestos  que realiza el herido con las manos.

A la mañana siguiente  le  acomoda en el trineo y cambia su camino. Se dirigen a la base de donde procede el herido. Está relativamente cerca. El muchacho sabe que en cuanto llegue intentarán convencerle de que vuelva con su madre, de que vaya a la escuela. Pero cuando llegan el tiempo empeora y pasarán tres meses  hasta que puedan enviar un helicóptero de la compañía. Malouk convive  con los científicos. Les acompaña en las expediciones por el Ártico y comienza a desarrollar una curiosidad tremenda por lo que hacen en su misión. Le tratan como a un hombre. Malouk ha mentido sobre su edad. No se da cuenta de que desde la base han hablado por radio con las autoridades y con la compañía. Se han puesto en contacto con su madre.

Cuando ve el helicóptero  no sabe que  ella  está en el aparato. Nada más verla  se da cuenta de que la echaba de menos, a ella y a su hermano. En este tiempo ha cumplido los dieciocho. La ruta del norte le ha cambiado y efectivamente se ha convertido en un hombre. Decide que quiere trabajar en la base, le han explicado  que todos los que están allí son especialistas y que les encantaría que terminara su formación y luego se uniera a los equipos.

            Su viaje de iniciación ha acabado. El cielo  sonríe sobre los icebergs en forma de arco iris. Entre las nubes los antiguos desde su lugar mágico le saludan. Malouk  decide volver a la escuela y acabar sus estudios.

 

Publicado la semana 6. 07/02/2018
Etiquetas
Smila , Jack London , Tal día como hoy,nevado y frío
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