Semana
11
Meri Catania

De Playa y Amores Imposibles

Género
Relato
Ranking
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No me pregunten si sí o si no. Yo tengo mi propia respuesta, aunque a estas alturas, mejor diría que lo que guardo es un recuerdo, un recuerdo confuso, y así todos tranquilos.

                Fue como les digo. Aquel día de playa, al final del verano más largo que nunca tuve, un sol sin piedad castigaba mi piel desde los muslos hasta la nuca, ensañándose especialmente con mi cabeza. El pelo corto no me ayudaba a estar más fresquita así que agarré la camiseta y me cubrí el cabello con ella. Me quité las gafas y las guardé en la cesta.

Tumbada con las manos cruzadas debajo de la frente, tan quieta que los dedos se entumecían y ya insensibles parecía que te los hubieran cortado; comenzaba a caer en esa duermevela previa a un estado de inconsciencia. La lucha entre la pereza que me daba moverme y la imperiosa necesidad de refrescarme duró unos minutos. Hasta que con un fuerte impulso me levanté de improviso.

Más allá de la orilla del mar tres veleros parecían haber robado toda la brisa. Eran lo único que se movía. Ni las banderas de los socorristas se permitían ondear. Mientras comenzaba a caminar hacia la orilla me sentía ligera y  muy contenta. Una motora de la Cruz Roja se acercaba desde el horizonte. Aún sin gafas veía con nitidez la pequeña cruz. Entonces fue cuando comencé a darme cuenta.

Noté que mis pies no sentían el raspar suave de la arena al desplazarme e incluso me parecía ser más alta. Miré al suelo y allí no estaban mis pies, puse las manos delante y tampoco. Me giré sorprendida y allí detrás, sobre la toalla roja, vi mi cuerpo extendido con la cabeza tapada, yacía inmóvil.

Sin salir de mi asombro comprobé visualmente que era yo. Mis piernas, mi lunar en el muslo izquierdo, la cicatriz en el hombro. Era yo.

Volví a girar mi cuerpo invisible y comencé a hacerlo como una peonza. Me invadió una sensación de alegría, la que tienes cuando no puedes parar de reír. Quise probar a andar sobre el mar y deseándolo me traslade al agua, dentro pero cerca de la orilla. De repente vi a Esteban a lo lejos paseando. Yo adoraba a Esteban y digo “adoración”. Así que quise inmediatamente estar junto a él. Sólo pensarlo y estaba delante, en su camino.

Me miraba a los ojos y eso que me lleva más de un palmo. No sé como pero me miraba a los ojos. Y entonces le atravesé o él a mí, cruzó a través de mi alma, mi espíritu o yo que se qué.

Recuerdo la sensación por su intensidad: júbilo. Eso es lo que recuerdo que sentí aproximadamente. Nunca más volví a tener una emoción semejante y aquella intensidad me asustó tanto que volví a mi cuerpo. Levanté la cabeza despacito, muy despacito. Resbaló la camiseta hacia la arena. Me volví hacia el mar para ver tres manchas blancas, difuminadas, que se alejaban. Mi paz, mi verano y Esteban, también.

Publicado la semana 11. 14/03/2018
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