Semana
09
Merche Blázquez

La cura de la soledad

Género
Relato
Ranking
2 309 9

Si ya durante los nueve meses de embarazo pensaba que ni el mejor polvo del mundo podía compensar las molestias de las náuseas, las varices, el dolor de espalda y la diabetes gestacional, las veinte horas de parto me terminaron de convencer de que habría sido mejor adoptar un niño ruso, o chino, o de donde fuera, antes que pasar por todo eso.

Todo por la puta soledad. ¡Y mira que me lo advirtieron las amigas!, que si la relación no va bien, un hijo no la arregla, sino que acaba de destrozarla. Así fue: nada más decirle que estaba embarazada, el tipejo dijo que tenía un viaje de trabajo a Japón, y no se dejó ver nunca más.

¡Asco de vida! Y ahora tengo que apechugar con esa bola de carne llorona que me está destrozando los pezones. ¿Para qué cojones se inventaron los biberones? ¡Pero noooo!, hay que darle leche materna para reforzar sus defensas.

¡Uy, ha tosido! ¿Estás bien, mi vida? ¡Ah, sí, me sonríe! He tenido suerte de que no se parezca al cabrón de su padre. Es clavadita a mí, casi un clon mío. Es como si la vida me diera una segunda oportunidad.

Tendré que trabajar duro para sacarla adelante. Dios proveerá. No me importa. Cuando veo esa carita que me mira, soy capaz de enfrentarme al mundo entero por ella.

—¡Qué faena, tener que criar a la niña tú sola! ¿Por qué no intentas localizar al padre?

Me quedé estupefacta ante tal pregunta. ¿Sola? Tengo a mi hija y no necesito nada más. Estaba más sola cuando vivía con su padre, que pasaba de mí como de la mierda. No estoy sola, y nunca más lo estaré. La soledad no depende de cuánta gente tengas alrededor, sino de cómo te relacionas con ella.

Y tú, ¿te sientes solo?

Publicado la semana 9. 02/03/2018
Etiquetas
XHELAZZ - LA SOLEDAD COMIENZA , Amigos que se sienten solos , En soledad , Parto, embarazo, hija
Compartir Facebook Twitter