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Merche Blázquez

Becas funerarias

  Para la familia del difunto, no sé qué era peor, si la pérdida del ser querido o la burocracia que se veían obligados a sufrir, por no mencionar el desembolso que suponía enterrar a alguien sin seguro de decesos. Me hizo replantearme contratar uno, pero justo entonces vi aquel cartel anunciando la web: www.becasfunerarias.com

Me quedé pasmado mirándolo, y una azafata elegante, pero sin el atavío provocativo que tienen las de otros eventos y promociones, se acercó a mí y me entregó un flyer publicitario. Me dirigí a la salida caminando como alma en pena mientras le echaba un vistazo, y de pronto me vi parado delante del stand.

—¿Está interesado en nuestros servicios?

—Pues... la verdad es que sí. Cuénteme un poco.

—Estará usted de acuerdo conmigo, señor...

—Gaby, Gabriel Moyano.

—Como le decía, señor Moyano, estará usted de acuerdo en que no hay derecho a que uno tenga que pagar cuando se muere.

—Al muerto poco le importa ya, pero a la familia la jode por partida doble. Con perdón por el vocabulario, pero es que...

—A eso me refería, señor Moyano. Después de todo, cuando uno se muere, deja de generar gastos a la sociedad. ¿No habría que bonificar eso de alguna manera?

—¿Bonificar? —repetí, estupefacto—. No lo había pensado.

—Nuestra empresa está especializada en optimización de recursos y presupuestos, y el gobierno nos ha encargado la gestión de los gastos funerarios de personas con pocos recursos o que estén interesadas en participar del proyecto de optimización. Si me permite, señor Moyano, le haré un test para determinar la opción más beneficiosa y adecuada para usted.

—¡Claro!

—Pues acompáñeme. De paso, le mostraré el servicio que hemos dado a nuestro último cliente, el señor Andújar. El pobre llevaba seis meses en lista de espera para un trasplante de riñón que no llegó a tiempo. Tenía 70 años, una pensión por jubilación y otra por invalidez. Todo un caso. Como puede ver, el ataúd que le hemos proporcionado es personalizado, con filigranas de oro y plata y pantalla de cristal líquido donde se emite ininterrumpidamente un pase de fotografías de toda su vida. La orquesta también entra en el servicio, así como el coro durante la ceremonia. En una palabra: exquisito. Si tuviera que pagarlo la familia, no bajaría de los veinte mil euros.

Camino del pequeño despacho, yo ya estaba decidido a solicitar la «beca». Mis ingresos apenas superan en un 30% el salario mínimo interprofesional, así que supuse que me la concederían sin problemas.

Aurora, la azafata —eso ponía en la chapa que llevaba en la americana—, me hizo sentar frente a ella y comenzó el cuestionario:

—¿Edad?

—Treinta y siete.

—¿Fumador?

—No.

—¿Consume alcohol diariamente, semanalmente, ocasionalmente…?

—Ocasionalmente, solo en celebraciones como bodas, comidas navideñas y eso.

—¿Le han intervenido quirúrgicamente de algo?

—No, nunca.

—¿Ha tenido alguna baja laboral durante el último año?

—… No.

—¿En qué trabaja?

—Soy guía de montaña.

—¿Desde cuándo?

—Hace ya quince años.

—Umm…

Aurora frunció el entrecejo como si algo no estuviera yendo bien, buscó algo en una de las carpetas que tenía en el estante de atrás, y siguió preguntando:

—¿Practica algún deporte de riesgo?

—No, no, en absoluto. Guío a excursionistas por las rutas marcadas, mostrándoles la vegetación y fauna del lugar. Nada arriesgado, al contrario, me encargo de evitar a toda costa los riesgos.

—Bueno… Vamos a ver…

Aurora estuvo un buen rato consultando cosas en el ordenador y haciendo muecas de contrariedad mientras yo esperaba, pacientemente al principio, malhumoradamente después.

—¿Y bien? —dije al final.

—Su caso es complicado. Claro que conforme pasen los años puede cambiar mucho a su favor, pero, en este momento, no me acepta ni la opción básica.

—¿Cómo es la básica?

—Ataúd simple, sin barniz; sin ceremonia ni velorio, directo del lugar del óbito al horno crematorio.

—¿Cómo es posible? ¡Mis ingresos son bajos, y además intermitentes, trabajo solo 7 meses al año, de abril a octubre!

—Verá, señor Moyano: estas becas no guardan relación con la situación económica del que las solicita, sino con el ahorro que repercute al Estado su defunción. Por ejemplo, el caso que le mostré antes, el señor Andújar, le costaba al Estado al mes unos 4000€, entre pensiones, sesiones de diálisis y resto de gastos médicos y farmacéuticos. Su fallecimiento es agua bendita para las arcas de la Seguridad Social, y el Estado no tiene inconveniente en desembolsar el equivalente a cinco meses de su vida.

>>Ayer, por poner otro caso, enterramos con todo lujo a un arquitecto de 65 años, recién jubilado, que había muerto de un infarto fulminante. Había estado casi 40 años cotizando unas cuotas muy altas y solo llegó a cobrar dos meses de jubilación. ¿Sabe usted cuánto ahorro supone eso?

>>En cambio, usted, solo da beneficios al Estado, no solo porque cotiza sin generar gasto alguno debido a su buena salud, sino que además ayuda a que otras personas tampoco generen esos gastos. Su muerte no sale a cuenta, señor Moyano.

—¡No me lo puedo creer! Entonces, ¿no hay beca para mí?

—Bueno… Hay una última opción, la ECO. Usted podría elegir el paraje natural donde ser enterrado, pero tiene condiciones.

—¿Qué condiciones?

—Pues… Requiere la extracción previa de todo órgano útil y de implantes si los hay; el entierro se debe realizar sin ataúd, sin ropa y sin joyas ni ningún otro complemento, solo material orgánico.

—O sea, que me dejaríais por ahí tirado como una colilla, ¿no?

—¡No, por Dios, todo lo contrario! Una colilla contamina muchísimo, usted sería alimento para la tierra.

La miré a los ojos, boquiabierto, esperando ver un atisbo de sonrisa a la que seguiría un comentario del tipo «Es broma, hombre, en este trabajo tenemos que quitar hierro al asunto o terminamos locos perdidos», pero ella me miraba seria, disgustada, y volvía una y otra vez a mirar las opciones que le daba la máquina.

—¿Sabe lo que alimenta muy bien a la tierra? —le pregunté casi temblando de ira.

—¿El qué?

—¡La mierda a la que los voy a enviar! ¡Buenas tardes!

Publicado la semana 61. 11/03/2019
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Cuentos del cementerio , Leer cuando pienses en la muerte sin complejos ni tapujos , muerte, beca, ataúd, Estado, eco
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