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Merche Blázquez

Luces de colores

  Navidad: esa época del año tan deseada como aborrecida. Cruel frío en la calle para unos y derroche para otros. 

  Recuerdo cuando era pequeña y mi madre sacaba la caja con las cintas de colores brillantes, el mini-árbol de Navidad, las bolas y las luces. Cada cosa tenía su lugar establecido año tras año. Cuando oscurecía, encendíamos las luces del árbol, que tenían una secuencia lenta y relajante. No teníamos regalos materiales el día de Navidad; la Nochebuena y días siguientes eran días de reunirse con la familia, comer o cenar juntos algo más elaborado o exquisito de lo habitual y hacer la sobremesa con turrones, cava y villancicos de los que solo nos sabíamos el estribillo, y los regalos venían el día de Reyes.

  Será que me hago mayor, pero ya no lo percibo como antes. Todavía, cuando mis hijos eran pequeños, tenía la ilusión de llevarlos a ver la Cabalgata de Reyes, y grababa con videocámara el momento en que abrían los regalos, unos regalos que les emocionaban, y esa emoción me hacía feliz a mí.

  Ahora, la Navidad me pone triste y, a veces, incluso, de mal humor. Parece que me he convertido en todo un Grinch, pero no es cierto. Lo que pasa es que me entristece la forma en que se ha pervertido la Navidad. Los comercios la utilizan para hacer negocio, y los consumidores, para aparentar o destacar. No hay ilusión en los regalos —si tú no estás de acuerdo, bienaventurado seas—, solo consumismo, que no es lo mismo que «con su mismo...», sino todo lo contrario.

  Cuando yo era niña, el árbol de navidad y las cintas de colores eran los mismos año tras año; después, convencieron a todo el mundo de que los árboles de plástico contaminan, y ahora cultivan expresamente abetos para meterlos en una maceta. Supuestamente, se recogen al terminar las fiestas y se plantan... Yo no he visto nunca plantaciones de árboles con restos de cintas de Navidad.

  Ahora, Papá Noel y los Reyes Magos cuelgan, de trapo, de ventanas y balcones, junto a cascadas de luces de colores que se encienden y se apagan a un ritmo no apto para epilépticos, y convierten la factura de electricidad en no apta para cardíacos. Los dependientes son explotados trabajando en días festivos para que los consumidores acudan como depredadores sin raciocinio a comprar, comprar y comprar.

  Hoy es día de Reyes. Apenas ha habido regalos en mi casa, y no porque no nos lo podamos permitir, sino porque no sabemos qué regalar que haga ilusión, y sin ilusión, ¿qué es un regalo? ¿Cuánta gente habrá recibido hoy regalos que no les importan, que no les emocionan? ¿Esto es lo que queréis que sea la Navidad?

  Si esto es la Navidad, a mí borradme del evento. En cambio, si queréis regalarme ilusión, leedme, comentad, reflexionad y compartid conmigo lo que con este texto os he hecho sentir. Ese sería para mí un buen regalo, un regalo de carne, hueso y espíritu, sin luces de colores.

Publicado la semana 53. 06/01/2019
Etiquetas
En Navidad, Sin Navidad , luces de colores, regalos
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