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Merche Blázquez

Un año de historias

  2018 había empezado como todos los años: con las campanadas y las uvas, pero hubo alguien que se lo perdió por una mala caída en el baño. Al despertar, supo que se había perdido el nacimiento de su hija, y seguramente se preguntó cuántas otras cosas más (1. Nos dieron las uvas, literalmente). 

  Lo cierto es que no era para tanto. Al fin y al cabo, la Tierra seguía siendo ese planeta estresado por la superpoblación humana y sus máquinas. Lo que teóricamente era una raza inteligente, a la vista de seres de otros planetas podía parecer, perfectamente, una raza de parásitos que no podía vivir sin sus vehículos (2. Terrestres). Además, en el caso de no haber pasado un año en coma, seguro que tendría un montón de recuerdos buenos, sí, pero también otros por los que gustosamente habría pagado para que le borraran de la memoria. ¿Os imagináis que fuera eso posible? (3. Recuerdos a la carta)

  Ya veo lo que estáis pensando, ya... Me criticáis a mí por querer recordar solo lo que me interese, ¿no? Pues el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, que bien decís muchos de vosotros que me habéis ido leyendo todo el año, y seguro que no recordáis ni la cuarta parte de lo que escribí (4. Apártate, que me tiznas). ¡Ay, con lo bonito que es sumergirse en el mundo de la imaginación, de los sueños, de los libros...! Que se lo digan a Elisa, que no le gustaba leer y, gracias a un libro mágico, se volvió una lectora empedernida. No sé si tal vez llegaría en algún momento a confundir la realidad con la ficción (5. El libro mágico de Elisa (cuento-infantil)).

  El que no es que las confunda, pero sí las mezcla siempre que quiere es Dani. En Carnavales y en Halloween se siente en su salsa, hasta el punto de que te hace pensar que es el resto del tiempo cuando va disfrazado, ¿verdad? (6. Un carnaval de muerte (inspirado en personas reales, vivas)).

  Volviendo al tema... Otra de las cosas que se perdió nuestro protagonista fue San Valentín, una de esas ocasiones que el consumismo aprovecha para manipularte. En mi entorno no nos dejamos atrapar por ese tipo de trampas. El amor se celebra todos los días. Y no solo el amor de nuestra pareja, hay más para celebrar, porque se transmite de generación en generación y ahora son mis hijos quienes disfrutan de momentos mágicos. Que les dure mucho (7. Amores de adopción).

  También se perdió nuestro amigo las rutinas. Ah, pero no penséis en la rutina como en algo feo o negativo, porque hasta quitar el papel a una magdalena, mojarla en la leche y comérsela puede ser un tanto... erótico (8. Vestido de papel)

  Vale, tenéis razón, la rutina mala de verdad es la de la soledad. Pero ¿qué es realmente la soledad? Uno puede sentirse solo en medio de cientos de personas, o bastarle la compañía de una sola para no tener ese sentimiento nunca. Preguntad a cualquier madre soltera y os lo explicará (9. La cura de la soledad).

  El 2018 también nos dio temas para hablar de política. Por suerte, nuestro dormilón se lo perdió. ¡Qué suerte tienen algunos! (10. Viñetas en letras). Y es que hay temas con los que no se puede hacer otra cosa que discutir. Pero en ocasiones, el destino nos prepara escenarios con los que recordarnos que el amor es mucho más fuerte. Suelen estar marcados con una X, así de simple (11. X).

  De todos modos, a veces no recuerdas las cosas ni aunque te las señalen con luces de neón, como cuando despiertas después de una gran juerga con los amigos de la infancia (12. La lista del kinder)

  Quien no falla nunca es esa persona que te acompaña a lo largo de la vida, sobre ruedas, eso sí, pero siempre a tu lado (13. Ruedas).

  Lo que me apena que se perdiera el amigo dormilón son todas esas historias policíacas, misteriosas, donde nada es lo que parece unas veces, y otras es exactamente lo que parece: una réplica de un cuento de hadas (14. La chica del zapato de cristal). ¿Superstición? No lo creo. ¿Casualidad? Mucha sería. ¿Qué pensarías tú si todo lo malo de tu vida estuviera directamente relacionado con un color, o con un número? Pues eso (15. 15). En mi caso, el número «maldito», por decirlo de alguna manera, ha sido el 16. He pasado todo el año prometiendo acabar el relato de esa semana y no lo he conseguido. Pero ahora ya sé lo que hacer: os pediré ayuda y lo acabaré según vuestras aportaciones (16. El caso de la Cenicienta).

  Según parece, ese es mi talento: elaborar historias a partir de palabras (17. A mí, dame palabras). Han sido muchas las veces que os he pedido palabras para inspirarme, o que una determinada situación vivida me ha hecho decir «ya tengo inspiración para esta semana». Como cuando vi a Miquel manejarse entre las celdas y fórmulas del excel cual trilero con los vasos y la bolita. Inolvidable... (18. La celda). Y si no había nada emocionante, también podía aferrarme a lo contrario: a la indignación que me produce que las masas se emboben en un evento sin importancia, sin trascendencia, y olviden todo aquello que sigue ocurriendo en el mundo mientras competimos por nimiedades (19. Mientras Europa canta).

  Ciertamente, los momentos así son los que me dejan agotada la imaginación, y de nuevo necesito ayuda para encontrar la inspiración. A veces, esa ayuda me lleva de cabeza poco menos que a las drogas. Que no, bobos, que no me drogo, pero esto de escribir parece en ocasiones tener un efecto similar (20. De corduras y camellos). Aunque, sinceramente... La rareza me viene de nacimiento. Me tendríais que haber conocido de niña... Era muy buena, sí, mientras todo a mi alrededor tuviera el orden que debía tener (21. TOC infantil)

  Pero sigamos repasando lo que ha sido el 2018, ya no para ese amigo dormilón del primer relato, sino para mí. En mayo hice con mi marido un viaje con parada en varias partes de España. Acostumbrados a estar a orillas del Mediterráneo, fue muy emocionante conocer la anchura de Castilla y la calidez de Extremadura. No sabíamos que había tantas cigüeñas en nuestra península (22. Vigías del cielo). De ese viaje, volví en modo reset. Otra vez tuve que pedir ayuda a los compis. David fue el protagonista. ¡Qué más quisiera él que haberlo sido al estilo de Christian Grey y sus 50 sombras...! El resultado siempre es inesperado (23. 50 sombras de David). O no... ¿Qué es realmente lo inesperado, el final o la historia que lo precede? Esto es lo que pasó con el duende. Todos sabíamos que había incendios, lo que nos sorprendió fue el porqué (24. Faironjed, el duende).

  Algo parecido pasa con la vida: sabemos cómo empieza (nacimiento) y cómo acaba (muerte), lo que desconocemos es lo que pasa entre una cosa y la otra, pero tengo una buena noticia para todos: eso depende de cada cual (25. Relevo generacional)

  Eso sí, hay cosas de las que no se libra nadie. Todos nacemos, crecemos, dormimos, comemos... Lo que pasa es que cada cual lo cuenta de una forma distinta, y puede parecer que no es lo mismo, pero lo es. Es como si digo que el alumbramiento de mi primogénito tuvo lugar al inicio de la primavera de un año cercano al fin del siglo XX, que equivale a decir que mi primer hijo nació en marzo del 97, pero queda mucho más guay (26. Lenguaje científico)

  Haz el favor de dejar el Facebook y prestarme atención, ¿vale? Bien, así me gusta (27. El gran virus). En serio, cualquier día te arrepentirás de tanta tecnología y echarás en falta el aire puro y la naturaleza salvaje. Y si no la echas en falta, da igual: volverás a ella sí o sí (28. Madre Tierra).  Me refiero, por supuesto, a que una vez muerto volverás a formar parte del planeta. Es algo de lo que no puedes escapar, igual que no puedes escapar de tu sombra mientras haya luz (29. El hombre que huía de su sombra). En definitiva, formamos parte del ciclo de la vida. Nuestra vida, vista con perspectiva, no lleva a ninguna parte, parece que nos movemos y no es verdad, siempre volvemos al estado inicial (30. Falso movimiento)

  Pero no te deprimas. Disfruta del viaje, que dentro de ese ciclo hay puntos destacados que merecen un puesto de honor. Son paradas en el camino que hacen que valga la pena estar vivo, aun sabiendo cómo termina todo (31. Plata).

  Lo mismo que digo sobre la vida de personas en particular es aplicable al género humano en su paso por la Tierra. Creemos que hemos evolucionado, pero no tenemos en cuenta los cambios que hacemos en el planeta. Creemos que los recursos son infinitos, y no es cierto. Llegará un día en que se acabarán, y tendremos que cerrar... ese ciclo (32. La última gota)

  Os estoy dando la tabarra, lo sé. Estoy escribiendo tomando como guía el índice de los textos de todo el año, porque yo soy la primera que no me acuerdo de la mitad de lo que escribí. Jajajajajaja (33. Memoria de pez)

  Me acuerdo, eso sí, de que las cosas que van pasando en la vida me dan ideas de las que partir, como cuando pusieron en televisión las películas de Las crónicas de Narnia y pedí, de nuevo a mis compis, que me dijeran un objeto, una profesión y un animal, copiando el título de El león, la bruja y el armario (34. El lince, el programador y la taza de té).

  Recuerdo también el cariz catastrofista de muchos de mis relatos. No sé a vosotros, pero a mí me aburre que las historias tengan final feliz (35. Disaster tale). A ver..., no siempre, ¿eh? Que de vez en cuando está bien que la historia deje un buen sabor de boca, como cuando conocimos al mago erótico de la (36) Historia compartida.

  Tampoco paso por alto fechas señaladas en mi vida, homenajes a seres queridos..., (37) En silencio. Y de vez en cuando hago inmersiones en el mundo del cine, sea imitando su estilo o criticándolo (38. Hollywood miente)

  Pero ¿sabéis una de las cosas que más me gustan? Hacer cuentos sobre la muerte  y sobre el futuro (39. El supresor), y fantasear con venganzas hacia lo que nos molesta en el día a día (40. Pesadillas cotidianas). Cosa que a veces da como resultado una historia bastante cinematográfica (41. La redada).

  Y aunque a veces no tengo ni idea sobre qué escribir y acabo haciendo malabares... (42. Una letra, dos letras, tres letras), me enorgullece saber que he creado personajes muy bien definidos, que llegan a ser mis amigos (43. Personajes al rescate). Porque la amistad es importante siempre, en la diversión y en la fatalidad, y se puede convertir en leyendas de terror (44. El ascensor) o de superación (45. El hombre gigante), y también en historias reales surgidas en lo (46) virtual. Tal es el caso de un amigo que conocí en ese mundo virtual, que devora más libros que barras de pan (47. El devorador de libros). No se agota nunca, es como las pilas Duracell (48. Que no se te olvide comprar pilas), esas que hacen funcionar máquinas que algún día casi sustituirán a los humanos (49. Tú, robot). Digo «casi», porque hay algo que nunca podrán hacer por mucho que se integren: hacernos reír (50. Integración).

  Llegamos al final. Esto ha sido todo en 2018. No sé muy bien si es el resultado de un regalo de los dioses o de un pacto con el diablo (51. Una cena divina), pero ahora, si quieres, puedes repasar el año entero releyendo cada una de las historias.

  P. D. : La semana que viene jugaremos con el relato de la semana 16. No me faltéis. Feliz 2019.

Publicado la semana 52. 31/12/2018
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