Semana
43
Merche Blázquez

Personajes al rescate

Género
Relato
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—Parece que despierta —dijo Erson.

—Cuidado, está en shock todavía —respondió Shari.

Ambos sabían que existían gracias a ella, y la estaban viendo hundirse en un profundo abismo. No lo iban a consentir.

Abrió los ojos y los vio. Creyó que seguía durmiendo, al ver a sus personajes allí.

—Tienes razón, sigue en shock —dijo Erson—, pero podemos aprovechar para ayudarle, ya verás.

Sacó de su bolsillo un pequeño artefacto luminoso que emitía círculos de luz de colores variantes, lo puso ante los ojos de su creadora y empezó a hablar con la voz profunda que ella había inventado.

—Mira fijamente el hológrafo, respira hondo y escucha solo mi voz. Inspira..., espira..., inspira..., espira..., inspira..., espira... Cuando cuente hasta diez cerrarás los ojos y seguirás escuchando mi voz y nada más que mi voz. Uno..., dos..., tres...

—¿Intentas hipnotizarme? No seas iluso, yo te creé y yo te puedo destruir.

—Puedes destruirme, sí, pero no quieres hacerlo. Vas a hacer lo que yo te diga.

—Lo tienes claro.

—Cuatro..., cinco..., seis...

—No lo haré —dijo ella con gran esfuerzo mientras sus ojos se cerraban irremediablemente.

—Siete..., ocho..., nueve... y diez.

Sus ojos quedaron sellados. En sus oídos solo penetraba la voz de Erson, y a pesar de ello, la oscuridad de su alma empujaba tratando de expulsar las palabras del joven maestro.

—Ahora —continuó Erson— vas a visualizar que tu mente es una gigantesca pizarra, y que en tu mano tienes un borrador con el que vas a eliminar todo lo que te hace daño.

—No —replicaba ella con los ojos apretadamente cerrados y el ceño fruncido—. No puedes dominarme, yo te creé.

En esa mente en trance, visualizó un ordenador en lugar de una pizarra, y en vez de borrar, copió todo aquello que le hacía daño en un archivo de texto; luego lo guardó con el nombre "No borrar", y lo marcó como archivo de solo lectura.

—Ahora verás que a tu derecha hay un mazo. Cógelo y golpea la pizarra hasta hacerla añicos.

Ella borró de la visión el mazo y lo cambió por unas grandes piedras con las que construyó una fortaleza, en cuyo interior quedó el ordenador, perfectamente protegido. Y aunque tenía los ojos cerrados, veía a Shari hacer gestos de aprobación a la estratagema de Erson. Era lógico: por mucho que cerrase los ojos, ellos estaban  en su imaginación, no en el mundo real.

—Lo has hecho muy bien —dijo Erson—. Ahora contaré desde diez hasta cero hacia atrás y despertarás, y te sentirás como nueva. Diez..., nueve..., ocho...

La creadora se relajaba paulatinamente con la cuenta atrás; su frente se ablandaba, sus mejillas iban quedando laxas, y sus párpados se destensaban, entreabriéndose.

—Siete..., seis..., cinco..., cuatro...

Las cuatro aristas de la fortaleza que había construido se revestían de arriba abajo con un hilo dorado que sellaba la construcción y deslumbraba a todo aquel que trataba de impugnarla. En el interior, su secreto estaba protegido, perfectamente archivado y ordenado en ideas.

—Tres..., dos..., uno..., ¡cero!

Abrió los ojos. Shari y Erson seguían en su mente.

—Lo has hecho muy bien —dijo Shari, con su sonrisa condescendiente, la misma que ella describía en las escenas en las que daba lecciones de vida a Erson.

—No he hecho nada de lo que habéis dicho. Vosotros no podéis dominarme, yo os creé.

—Claro que no —dijo Erson, satisfecho—. ¿Conoces la psicología inversa?

Sintió un fogonazo en el pecho. ¿Cómo no se había dado cuenta? Ella misma había creado a Erson, y no era propio de su personaje olvidar el pasado. Realmente, había estado haciendo lo que él quería, que no era precisamente lo que él decía.

—¡Vete a la mierda! —dijo, indignada. Pero ya era tarde, la fortaleza estaba construida para siempre. Las lágrimas fluyeron mejilla abajo y crearon una superficie reflectante en la mesa. La imagen que le devolvía era el rostro de Shari, la incorruptible maestra nacida de lo más profundo de su ser, la que transmitió su sabiduría y bondad a Erson.

—Olvidaste que tú me has creado, noble e inteligente, más que ningún otro —dijo entonces Erson—. Jamás podría hacerte daño, ni a ti ni a nadie. Tú pusiste en mí lo mejor de ti, y mi deber es devolvértelo cuando lo necesitas.

Publicado la semana 43. 28/10/2018
Etiquetas
Mi vida es un absurdo , Yo , Erson, Shari, personajes, imaginación, creación, yo
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