Semana
42
Merche Blázquez

Una letra, dos letras, tres letras

Género
No ficción
Ranking
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  —No sé cómo empezar a escribir esta semana —dije, y me respondieron: —Una letra, dos letras, tres letras.

  Después pedí: —Dime algo para escribir —, y me respondieron: —Un boli.

  ¿A vosotros también os lo hacen? ¡Qué vida más perra la del escritor novel! Y luego quieren que, a la primera de cambio, publiques un libro y se venda como un premio Planeta para sacarlos de pobres. Pero a mí no me achanta nadie. ¿Esas tenemos?, pues esas tendréis.

  El día había amanecido caluroso después de las tormentas de otoño. Antaño las llamábamos «gota fría»; ahora, vete tú a saber por qué, resulta que son ciclones venidos a menos, convertidos en tormentas tropicales. Hasta les ponen nombre, ¡menuda manera de estigmatizar el santoral!, ¿o tú llamarías Leslie a tu hija después de haber padecido las consecuencias de una tormenta con ese nombre? No, claro que no.

  Volviendo al tema... El calor hacía que me marease. El cuerpo había empezado a aclimatarse a una temperatura más baja, y de pronto tenía que volver a asumir el clima veraniego. Posiblemente, un lagarto lo tendría más fácil: la hibernación era una solución muy plausible. En cualquier caso, el mareo me llevó a sentarme ante el teclado y empezar a darle vueltas y vueltas a la tomadura de pelo que me habían respondido cuando pedí ayuda.

  ¡Un boli! El romanticismo es un lujo hoy en día. La verdad es que sí me gusta escribir a mano, pero la falta de tiempo hace que los manuscritos se queden en un estante acumulando polvo durante meses o años antes de ser transcritos al ordenador. Incluso, alguna vez la tinta se ha borrado. Sí, se borra... La tinta de pluma desaparece, te lo digo yo.

  ¡Una letra, dos letras, tres letras!... Letras ya tenemos más que suficientes, entre vehículos y préstamos para ortodoncias.

  ... ¡Va, Merche, tú puedes hacerlo mejor!

  La primera letra acostumbraba a ser una E, una L o una U, porque la gente tiene la tonta manía de empezar las frases con un artículo. La segunda, en consecuencia, sería una L, una A, una O o una N. La tercera, un espacio, una A o una O. Yo me negaba a ser tan previsible, de manera que hice un tachón con el boli y comencé de nuevo:

  Solo el que se enfrenta a un reto como este sabe lo que cuesta. Tú que me lees, me dices muchas veces que no sabes de dónde saco tanta imaginación. De vivir, ese es el secreto. El boli y las letras son solo herramientas, el trabajo es de la mente, como cuando decides jugar con ellas:

Bienvenidas las ideas
un día como el presente,
en que las musas, malvadas,
no quieren venir a verte.

Felizmente, las atrapo;
indignadas, se someten,
no salen de este relato.

De todo este sinsentido,
enhebra las iniciales.

Seguro que ahora lo entiendes:
en el poema, escondido,
me parece, hay un mensaje,
al acrónimo inferido,
no falto de un buen deseo
a mis lectores queridos.

Publicado la semana 42. 19/10/2018
Etiquetas
Un globo, dos globos, tres globos , Mi familia, boicoteando mi inspiración , A leer ya mismo, y si no lo entiendes, buen fin de semana , acrónimo, letras, boli, poema
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