Semana
40
Merche Blázquez

Pesadillas cotidianas

Género
Relato
Ranking
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  Puri llevaba ya seis horas y media de jornada, todavía le quedaba una hora y media más, y sentía como si, de un momento a otro, los auriculares fueran a fundirse con sus orejas, con el cable colgando a modo de cordón umbilical a través del cual le llegaba el sustento para vivir.

  ¡Cómo había llegado a ser teleoperadora, con una carrera universitaria a sus espaldas? El trabajo era estresante, y aunque la mayoría de clientes eran buena gente y con educación, no faltaba el típico borracho de domingo por la mañana, o el amargado necesitado de un buen polvo que te dejaba mal cuerpo para el resto del día.

  Llevaba un par de minutos sin que le entrara ninguna llamada. Pensó que podía ser por una incidencia de telefonía, pero prefirió no levantar la liebre avisando al coordinador, que estaba enfrascado en otras tareas, y aprovechar así a cerrar los ojos y descansar un momento. Como por brujería, su mente viajó a sus tiempos de facultad:

  Sonaba el despertador a las 7:00. Como un zombi, hizo el primer pipí, se lavó manos y cara, puso al fuego la cafetera y fue a vestirse. Todo ello, mientras su mente permanecía en sueños, jugando a la rayuela sobre una tabla periódica de elementos químicos. No había sido buena idea ponerla de fondo de pantalla en el ordenador.

  — ¡Niña!, ¿pero no ves el humo? ¿Qué has hecho? —dijo su madre, sacándola de golpe de la fase REM. Parece ser que había olvidado poner el agua en la cafetera, y el café se estaba tostando en la cazoleta.

  Era tarde para preparar otro, tenía que salir de casa o perdería el tren. Ya tomaría un café de la máquina una vez allí, con la precaución de no perder de vista el baño cuando empezara a hacer su implacable efecto laxante.

  Tomó el ascensor. Se miró en el espejo, como siempre. Estaba un poco despeinada, se atusó con los dedos. Creía haberse puesto su camiseta favorita de Darth Vader, pero lo que lucía era de un triste y paliducho color azul. Realmente era la camiseta de Darth Vader, pero con el dibujo hacia dentro. Rápidamente, se la quitó para darle la vuelta, y en ese momento se abrió la puerta del ascensor. ¿A dónde demonios iba a las 7:30 de la mañana el viejo más verde y estúpido del edificio?

  —¿Qué pasa? ¿Le molesta ver gratis lo que normalmente tiene que pagar para ver? —le salió del alma antes de que el viejo fuera capaz de pensar, y el hombre clavó la mirada en el suelo hasta que el ascensor llegó abajo.

  El timbre de llamada la devolvió al Call Center. Era un anciano que llamaba porque no le funcionaba la tarjeta. Le sonaba la voz, pero eran tantas las voces que escuchaba al cabo del día que no le dio importancia. Al pedirle los datos y acceder al contrato, vio que se trataba de su vecino viejo verde del ascensor.

  Puri puso el mute un momento para que no se oyera cómo se descojonaba. El crédito estaba cortado por falta de pago. Se lo merecía, por viejo verde. Cuando iba a quitar el mute para responder, se dio cuenta de que llevaba puesta su querida camiseta de Darth Vader, y Puri se pasó al lado oscuro.

  Sabía que esto le costaría el puesto de trabajo. Le daba igual, estaba harta ya, necesitaba un cambio, y pensaba vengarse por todos los malos ratos pasados y largarse de allí con una carcajada y la cabeza bien alta.

  —Sí, señor López. Efectivamente, su crédito ha sido cancelado, aquí dice que por viejo verde... No lo sé, señor, yo solo le digo lo que veo en el sistema, tal vez le haya denunciado la asociación feminista, ¿se ha fijado usted si últimamente le seguía alguien?, podrían haberle puesto un detective... Claro, claro, ahora miramos los movimientos. A ver... Sí, los últimos cargos se hicieron en el Club Lolitas Calientes, tres operaciones de 500€ cada una... ¿No los hizo usted? En ese caso le recomendamos bloquear todas las tarjetas, por seguridad... Sí, sí, todas. Piense que cuando usted se desnuda, mientras la puta le distrae, el chulo coge su cartera y saca los datos de todas las tarjetas e incluso sus datos personales. Tendremos que bloquear también su DNI... Bien, ya está todo bloqueado... No, no, no podrá cobrar la pensión. Al bloquear el DNI, usted ha sido dado de baja en todas partes, es como si no existiera; de hecho tendrá que solicitar una nueva partida de nacimiento que tendrán que firmar sus padres... Ah, cuánto lo siento. No, claro, si fallecieron no podrán firmar, entonces no podrá dar de alta un nuevo DNI... Mire el lado bueno, señor López: Hacienda tampoco sabrá que usted existe... Entonces, ¿le puedo ayudar en algo más?... Faltaría más, señor López, muchas gracias por su llamada.

  Entre sus compañeros había todo tipo de reacciones. Unos estaban boquiabiertos, incrédulos, y otros se retorcían y lloraban de risa. Puri se había quedado tan ancha que no sabía si cabría por la puerta. Cerró la sesión, apagó el ordenador, colgó los auriculares sobre el monitor y se marchó.

  Los aplausos la despertaron. Acababa de terminar la película. Iba tan cansada que, para una vez que iba al cine, se había quedado roque. Todo lo anterior había sido un sueño, y el día siguiente tendría que volver a la pesadilla cotidiana:

  —Buenos días, soy Puri, ¿en qué le puedo ayudar?

Publicado la semana 40. 10/10/2018
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La vida misma , Leer cuando estés hasta las narices de tu mierda de vida. , café, Puri, pesadilla, tabla periódica, Darth Vader, camiseta, teleoperadora, tarjeta, puta
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