Semana
36
Merche Blázquez

Historia compartida

Género
Relato
Ranking
4 175 1

  El jovencito dependiente del sex-shop motivaba a las mujeres que entraban en el comercio, no solo por los artículos que les mostraba, sino por la actitud con que lo hacía y la mirada penetrante, penetrante, que les dedicaba. 

  Ella sintió que su tanga se humedecía. Él lo notaba, y aprovechaba el momento para rematar la venta, hablando con su voz sugestiva, hipnotizando a su presa, hasta que la llevaba al orgasmo sin haberla siquiera rozado.

  En ocasiones, cuando conectaba con la clienta al máximo, hacía un truco de magia y, según se iba excitando ella, el dildo que le estaba vendiendo aparecía mojado, como si realmente hubiera sido utilizado.

  —¿Cómo has hecho eso? —preguntó ella, extasiada.

  —Lo has hecho tú, yo solamente lo explico.

  —¡Venga ya! —se ruborizó ella, con una risilla nerviosa— Fui la representante de un mago, sé de lo que hablo.

  —¡¿Representante de un mago?! Hoy debe de ser mi día de suerte. Mi sueño ha sido siempre ser mago.

  «Y el mío, tener orgasmos así todos los días», pensó ella.

  —¿Has actuado alguna vez?

  —Solo en reuniones de amigos y alguna que otra fiesta de cumpleaños de algún niño conocido.

  —El truco que me has hecho a mí no es precisamente para niños.

  —No... —respondió él, mirándola de tal manera que parecía estar acariciando todo su cuerpo al mismo tiempo.

  Ella se quedaba sin respiración. La cabeza le daba vueltas de placer, y aquel joven ni siquiera la había tocado. Cuando fue capaz de reaccionar, sacó del bolso una tarjeta de visita y se la entregó.

  —Si te interesa probar en el mundo de la magia,... —suspiró e hizo una pausa, sin poder evitar que su mente reviviera el orgasmo—, llámame.

  Él sonrió. Ella debía de ser unos veinte años mayor que él, pero estaba de muy buen ver, se notaba que se movía en el mundo del espectáculo. Le resultaba muy, muy apetecible, en todos los sentidos. Se guardó la tarjeta en el bolsillo del polo y, con su mirada, la besó apasionadamente antes de responder:

  —Lo haré.

  Y lo hizo. Recopiló sus trucos y unos cuantos artículos de la tienda, y se presentó ante ella. Su vestimenta no era un frac, nada de mangas donde esconder cartas, sino un polo similar al del uniforme del sex-shop, de manga corta, que mostraba sus brazos fuertes y tostados por el sol. Y sus ojos, esos ojos que lo decían todo, que hacían a las mujeres esperar que de aquellos labios a juego con el rostro de belleza griega saliera alguna palabra sugerente, para derretirse en cuanto salía, modulada por la sensual voz.

  Ella tenía preparado el contrato. Lo había hecho aquella misma noche, cuando por fin había conseguido bajar de la nube a que le había llevado su encuentro con él, porque un contrato era algo muy serio y tenía que estar perfectamente lúcida para redactarlo.

  —Yo seré tu ayudante —le recalcó cuando él se disponía a firmarlo.

  —Es justo lo que te iba a pedir.

  Por primera vez, se tocaron, y ya no dejaron de hacerlo hasta al cabo de dos horas, exhaustos, tras haber probado y practicado cada uno de los trucos que habían preparado para el espectáculo.

  Y llegó el día de su debut, en un restaurante erótico. Escenificaron su primer encuentro en el sex-shop, y todas las mujeres de la sala sintieron que se humedecía su ropa interior. Sus parejas, que las miraban sin tocarlas, imaginaban que las acariciaban sensualmente. Ellas se iban excitando, ellos se iban empalmando. El ritmo cardíaco se aceleraba hasta llegar al orgasmo.

  Toda la sala quedó exhausta. Habían compartido su historia con los asistentes.

Publicado la semana 36. 11/09/2018
Etiquetas
Nueve semanas y media , Erotismo, sex-shop , Leer cuando quieras sentir placer , magia, representante, jovencito
Compartir Facebook Twitter