Semana
03
Merche Blázquez

RECUERDOS A LA CARTA

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Relato
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  «WWW.RECUERDOSALACARTA.COM» era lo que Gabriel necesitaba. Prefirió presentarse directamente en el local en lugar de contactar vía e-mail; nunca se sabe por qué ojos pasa la información que viaja por Internet. Todo lo que tenía que pedir era que borrasen sus recuerdos de aquel día, y podría volver a dormir tranquilo.

  Le atendieron al instante. Le hicieron desvestirse y quitarse reloj, anillos, piercings y hasta las lentillas, y ponerse una bata de hospital. Nunca pensó que hiciera falta todo eso, se lo imaginaba como en la película Desafío total. Al salir del vestidor, aquel hombre le esperaba con un fajo de hojas donde ponía:

CONTRATO

  Empezó a leer: «El presente contrato establece los derechos y obligaciones que contraen el cliente, don Gabriel Galván González, por un lado, y Recuerdos a la carta S.L. por otro». Solo de pensar en leer treinta páginas de espeso texto legal empezaba a marearse, posiblemente se ahorraría la anestesia.

  ¿Anestesia? Pensó en ello de forma natural por el hecho de haberle obligado a desvestirse entero. Buscó en el texto rápidamente dicha palabra y, al encontrarla, leyó el párrafo completo: «El cliente manifiesta expresamente encontrarse en buen estado de salud, sin afecciones cardíacas ni inmunológicas y sin alergia medicamentosa alguna, eximiendo a Recuerdos a la carta S.L. de toda consecuencia o efecto secundario que pudiera derivarse de la aplicación de la anestesia necesaria para la intervención cerebral contratada, así como de eventuales daños cerebrales o incoherencias mentales causadas por la misma». Hacía apenas seis meses le habían operado de hernia de hiato, haciéndole previamente las pertinentes pruebas médicas preoperatorias, y todo había ido bien, así que no tendría problema alguno con la anestesia.

  Empezaba a impacientarse. La temperatura en el quirófano era baja, muy baja; él llevaba tan solo esa batita fina y abierta, y empezaba a tiritar escandalosamente.

  —¿No hace mucho frío aquí? —preguntó al cirujano.

  —Es imprescindible para no dañar las neuronas durante la intervención, lo explica en el punto 188 del contrato.

  ¡¡¿188?!! Echó un vistazo a la última página y, definitivamente, se rindió: el último punto llevaba el número 276. Su tiritera se paralizó al helarse la sangre.

  —¿Dónde hay que firmar? —dijo con prisa.

  —¿No piensa leerlo?

  —No hace falta, ya está bien, lo haré con más calma en casa.

  —Como quiera. En la primera página, en la 10, en la 20 y en la 30, donde pone «He leído y acepto las condiciones del contrato».

** ** ** ** **

  Una vez en casa, era feliz. No recordaba qué había pedido borrar de su memoria —en eso consistía la intervención, por supuesto—, pero debía ser algo traumático de verdad, porque no recordaba tanta paz desde hacía mucho tiempo. Había valido la pena pagar los mil euros que costaba. Esa empresa era ya la pesadilla de los psicólogos, incluso decían las malas lenguas que uno de ellos acudió a ella para olvidar su carrera universitaria.

  Un mes más tarde, unos policías se presentaron en su casa con la copia del contrato y le mostraron la página 20.

  —¿Es esta su firma?

  —Sí, agente. ¿Por qué?

  —Queda usted detenido por el asesinato de Blanca López.

  —¡¡¿Cómo?!!

  —No se preocupe, le haremos recordarlo. La restauración de recuerdos a petición de las autoridades está incluida en el contrato, así como la entrega de la copia de seguridad por parte de Recuerdos a la carta S.L. de todos los recuerdos borrados, con alerta de sospecha en los que se detectara cierta prisa por librarse de ellos: puntos 205 al 210, en la página 20, justo antes de su firma.

Publicado la semana 3. 20/01/2018
Etiquetas
Recuerdos, asesinato, borrar, policía, quirófano, copia de seguridad, Desafío total
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