Semana
28
Merche Blázquez

MADRE TIERRA

Género
No ficción
Ranking
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El día a día del trabajo en una gran ciudad colapsa los nervios al más paciente. Por eso, una vez al año, nos escapamos a nuestro santuario. No hay monjes, ni capillas; hay habitaciones y familias, y un gran equipo encargándose de que solo tengas que pensar en una cosa: desconectar y relajarte.

Donde la naturaleza reina, donde el verde predomina, y el aire refresca tus pulmones y tu piel bajo un sol cercano y a veces traicionero, donde la polución no llega porque pesa demasiado; al final del camino, a la última parada, allí vamos.

Los ojos, atrofiados de mirar el monitor a medio metro escaso de distancia, descubren el más allá. Un más allá a más de 2.000 m de altitud. Y desde el «campamento base» tratamos, ingenuos, de alcanzar las cimas.

Pero la Madre Tierra no lo consiente. Ya ha cedido terreno al ser humano, terreno que hemos echado a perder, y se reserva lugares como este. Aquí, con piedra y agua, construye su templo y, en un alarde de misericordia, nos concede el privilegio de acercarnos un poco, hasta donde nuestros castigados ojos pueden enfocar un poco mejor. Más allá, solo los de corazón limpio y espíritu sacrificado pueden llegar…, y no siempre.

 Yo, agradecida y sabiéndome indigna de ese grupo especial, sueño que monto a lomos de un águila y observo el Templo desde lo alto. ¡Cuánta vida inconmensurable contiene! Y cuánta muerte…

Y como yo, cuántos otros, que se enamoran de la Madre Tierra y juran volver, con la esperanza de que el año siguiente los insensatos no hayan conseguido todavía invadir un centímetro más.

 

Julio de 2018, desde Cerler.

Publicado la semana 28. 11/07/2018
Etiquetas
El río y los pájaros , Vacaciones , Cerler , Madre Tierra, Templo
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