Semana
23
Merche Blázquez

50 sombras de David

Género
Relato
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  Era la hora de la siesta, y la televisión emitía programas que la favorecían. David, con el mando en la mano, cambiaba de canal a lo tonto haciendo tiempo, hasta que vio la aguja larga del reloj llegar arriba. Intencionadamente, subió el volumen hasta que ella despertó y dijo:

  —¿Qué hora es?

  —Las cinco. Por el culo te la...

  —¡No, calla! —le cortó ella, que se veía venir la rima.

  Ella fue a por una botella de agua bien fría de la nevera y se bebió casi un litro sin apenas descansar para respirar.

  —Joder, tengo la boca tan seca que si te escupo te'scalabro.

  —Ven aquí, que yo te la mojo —replicó él, echando mano a su bragueta y provocando en ella una risa nerviosa.

  —¡Quita, quita, con el calor que hace! Estoy empapada.

  —¡Ummmhhh! —se relamió él, insinuándose con un levantamiento de cejas.

  —¡Ja, ja, ja, ja, idiota, siempre estás pensando en lo mismo!

  —Eso no es verdad.

  —¿Ah, no? ¿En qué piensas ahora?

  —Tengo hambre.

  —¡Qué raro! La verdad es que yo también. ¿Qué te apetece?

  David apretó los labios para reírse en silencio. Ella le dio un cojinazo.

  —¡Guarro! Pescado a estas horas, no.

  —¡No pensaba en pescado!

  —¿En qué pensabas?

  Él se puso serio, pero con esa expresión de ir a soltar otro chiste en milisegundos.

  —Fruta.

  —A ver qué hay... —Ella fue a la nevera y, desde allí, levantó la voz: —Hay melón, plátanos...

  —¡Justo eso, me has leído el pensamiento! Melones y plátano. O peras, lo que prefieras.

  Ella simulaba cabezazos contra la pared.

  —Va, por favor..., en serio.

  —Bueno, vale. Higo con plátano.

  —David, estás enfermo, no se puede hablar contigo de nada, con todo sacas el tema.

  —¿Eso es lo que quieres?, ¿tema? ¡No se hable más!

  —¡Dios! ¡Qué castigo!

  —Sin el "cast-", por favor.

  —¡Aaaaaaaaahhh! —gritó ella.

  —¡Qué boca tan grande tienes! ¡Para chuparte mejor!

  —¡David, para!

  —Tranquila, llevo condón.

  Ella intentó medir sus palabras, buscando algo a lo que David no pudiera sacar el lado sexual, cosa realmente difícil, así que, pensando, pensando, se quedó callada.

  —¿Qué te pasa? —dijo él—, ¿tienes la boca llena?

  —¡Joder, David!

  —¡Eso es lo que quiero, «joder», ¿no se nota?!

  Ella quería enfadarse, pero no podía. David, tenía ese talento para sacarle punta a todo (menos mal que no me oye, lo digo por lo de la «punta»), y lo hacía con tanto salero que era imposible no reír. Además, era su 50 cumpleaños, no era un día para discutir.

  —Va, tonta... Uno rapidito antes de que lleguen todos.

  —Con una condición.

  —A ver.

  —Que te comportes durante la fiesta. Vienen mis padres y mi hermano con el crío, no quiero que se escandalicen.

  —Vale...

  Echaron el rapidito, que tratándose de David y su imaginación duró cerca de una hora y transcurrió en el sofá, la mesa, la cocina, el lavadero, la cama y la bicicleta estática, y después, él cumplió su palabra todo lo que pudo, que fue hasta que llegó el pastel.

  El cuñado se encargó de apagar las luces, y ella de sacar la tarta, que no llevaba nata, para evitar tentaciones, con 50 velas individuales encendidas y en perfecta formación.

  Mientras entonaban la canción de rigor, David miró la pared tras él y empezó a retorcerse de risa: cada vela proyectaba una temblorosa sombra de él. 50 sombras de David.

Publicado la semana 23. 10/06/2018
Etiquetas
50 sombras de Grey , sombras, David
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