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18
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  Miquel notó que su cama se había vuelto dura como una tabla, y la incomodidad le despertó. Abrió los ojos, miró a su derecha y vio unos barrotes. Se levantó de un salto y los muelles del camastro rechinaron. «¿Dónde estoy?».

  Trató de explorar su entorno. Parecía estar en una celda de una típica cárcel de película de Hollywood, al menos eso parecía por el mobiliario, pero tenía una particularidad: las paredes eran de color amarillo fosforito.

  Se asomó al pasillo sacando la nariz entre los barrotes. Enfrente, otra celda tenía las paredes blancas, y su ocupante era un personaje grueso de color negro que llevaba una especie de dorsal donde ponía 17.23. En la esquina superior izquierda de los barrotes había un cartel que decía BX65.

  —¡Psss, eh, tú! —dijo Miquel, llamando la atención de su vecino de enfrente.

  —¡Hola, muchacho! Eres nuevo, ¿verdad?

  —Creo que sí. ¿Dónde estoy?

  —Estamos en la hoja 3, fila 65.

  —No entiendo...

  —Tú estás en la celda MI65, y yo en la BX65. ¿Cómo te llamas?

  —Miquel, ¿y tú?

  —Yo soy =SI(('Hoja 1'!BX65)="";"";('Hoja 1'!BX65))

  —¿En serio? Es un poco difícil nombrarte así. ¿No tienes otro nombre?

  —Puedes llamarme 17.23 —dijo el extraño ser—. ¡Cuidado, viene el transformador!

  —¿Qué?

  Pero 17.23 no dio más explicaciones y se fue al fondo de su celda. Miquel se quedó allí observando. Una especie de pulpo de 20 brazos venía por el pasillo a toda velocidad, tocando aquí y allá con sus múltiples extremidades, y cada uno de sus toques tenía efectos increíbles:

  Tocó una baldosa del lateral de una celda cuyo ocupante era rojo, luego tocó la baldosa de la misma posición de la celda de al lado con uno de sus brazos y la de otra celda 10 lugares más allá con otro brazo, y al instante todos los ocupantes del intervalo de celdas en cuestión se volvieron de color rojo.

  Tocó el marco superior de la celda en que estaba 17.23, pulsó un botón, y la hizo desaparecer, literalmente, junto con la de la misma posición en los pisos superiores e inferiores. El suelo tembló, y el resto de celdas se movieron hacia la izquierda hasta cerrar el hueco dejado por la desaparición.

  Se paró frente a Miquel y lo miró. Con una sola pulsación cambió el color de las paredes, de amarillo a blanco, y luego cerró una puerta de chapa dejando inaccesibles los mandos de transformación de la celda MI65, con un candado. Se fue a la celda de su derecha, pulsó otro botón, y apareció una pizarra donde Miquel creyó ver que el pulpo escribía algo, a modo de comentario.

  —¡Eh, oiga! —dijo Miquel; pero el pulpo no le hizo caso y siguió con su tarea.

  Por la izquierda, apareció alguien dando saltitos. Miquel se frotó los ojos, no podía creer que estuviera viendo acercarse un clip con ojos. El clip avanzaba en dirección al pulpo hasta que le alcanzó y se quedó junto a él mirándole y flexionando su acero a un lado y a otro, como un perrito faldero siguiendo a su amo y meneando la colita.

  —¡Clipo! —dijo el pulpo— ¡Largo de aquí, no te necesito! —Y le dio una patada, y el clip se esfumó.

  El pulpo tocó con un brazo la celda de su derecha, y con otro, la de su izquierda. Después se movió 7 celdas hacia la derecha, tocó de nuevo, y tanto las paredes como el contenido de las primeras quedaron replicados en las segundas, ¡Miquel incluido!

  Se asomó como pudo entre los barrotes, y su clon también. No solamente veía a su clon, también lo sentía. Sabía que él llevaba allí ya unos minutos, y también se sentía como si acabara de nacer allí. La bipolaridad le parecía una broma de niños comparado con aquello.

  Se despertó sobresaltado. «¡Mierda, me he vuelto a quedar dormido sobre el teclado!». En la pantalla, la hoja de cálculo en que llevaba días trabajando tenía un montón de cambios que no debía tener, resultado de haber tocado teclas sin sentido al quedarse dormido. Inmediatamente, pulsó en la X y en No guardar. Al menos, recuperaría la última versión válida.

Publicado la semana 18. 05/05/2018
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Sintonía de Windows https://www.youtube.com/watch?v=-U3sP-KbrGk , La vida misma , Cuando los números son una pesadilla , Miquel, Excel
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