16
Merche Blázquez

El caso de la Cenicienta

  La inspectora Espejo terminaba su turno el viernes por la tarde. Tenía por delante un fin de semana libre. Hacía tanto tiempo que no tenía uno, que no había sabido hacer planes, de modo que lo más probable era que pasara la mayor parte del tiempo holgazaneando en el sofá y viendo telebasura.

  Sandra López, la forense, fue a verla a su despacho: ¡toc- toc!

  —Hola, Sandra, me pillas por los pelos, me iba ya.

  —¿Te apetece salir esta noche? —dijo tal cual, yendo al grano, mostrando un par de entradas para algún espectáculo. Silvia no pudo disimular su asombro.

  —No sé..., no eres mi tipo —bromeó ella—. ¿Qué plan me ofreces?

  —¡Magia! —dijo Sandra, añadiendo misterio a la situación—. La función empieza a las diez, nos da tiempo a cenar algo antes.

  Y así, sin haberlo planificado, el fin de semana empezó a ponerse interesante.

  La cena fue espléndida, compuesta por unas ensaladas multicolor, un pollo con gambas y pan de calabaza y frutos secos de postre, con un toque de ron magnífico. Silvia sintió un placer enorme con el primer bocado de aquel jugoso bizcocho.

  —¡¡¡Mmmmm!!! Hacía años que no comía ningún dulce de calabaza... —Cerró los ojos un momento y, cuando los abrió, se quedó con la mirada perdida en un punto indeterminado, y la mente en uno muy concreto del pasado. No había vuelto a probar la calabaza desde que archivaron el caso de la Cenicienta, como se le dio en llamar (Ver https://los52golpes.com/2018/merche-blazquez/14/la-chica-del-zapato-de-cristal). Tal fue la aversión que le cogió por aquello.

  —¿Estás bien? —preguntó Sandra.

  —Sí, sí... ¿Qué hora es?, no vayamos a llegar tarde a la función —dijo para disimular, pero Sandra ya había adivinado en qué pensaba, aunque no lo dijera.

* * *

  Un cartel formado por varios magos prometía un espectáculo entretenido, lleno de misterio e ilusión. Las dos mujeres disfrutaban de ello. Silvia desconectaba del trabajo, pero Sandra no: ella había visto la misma función la noche anterior, ahora quería que Silvia la viera.

  El tercer mago de la noche eligió una voluntaria de la tercera fila, una chica joven e ingenua. Le hizo elegir una carta tras marear la baraja a la vista de todos, y le pidió que la guardara en su bolsillo. A continuación piropeó a la muchacha y, todo ello parte del espectáculo, la invitó a cenar. Tapó una mesa camilla con una tela negra y luego la quitó, y al hacerlo aparecieron platos y cubiertos para dos, dos velas, encendidas, y un frutero. La muchacha, roja de vergüenza por ser centro de atención de todo el aforo, reía y se resistía a las payasadas del mago. Él le pidió soplar a su varita, que se convirtió en ramo de flores de plástico, hincó rodilla en el suelo y pidió matrimonio a la joven, que se retorcía de risa por las caras que ponía el artista y contestaba negativamente señalando a su novio, que también reía desde su asiento en la tercera fila. El mago, con expresiones de mimo, lloró desconsoladamente.

  —¡Me rompes el corazón en dos! —exclamó, al mismo tiempo que tomaba una manzana del frutero y un cuchillo, y la cortaba en dos como alegoría de su corazón roto.

  Al cortar la manzana, se vio algo sobresalir. Era un pequeño tubo de plástico incrustado en el interior. El mago puso su expresión de sorpresa. Pidió a la chica que lo cogiera y mirara dentro del tubo, y allí había, bien enrollada, una carta. Entonces pidió a la elegida que sacara la carta de su bolsillo, comprobando que eran iguales.

  Mientras el público aplaudía el número, Sandra miraba la reacción de Silvia, y era la que esperaba: Silvia se quedó de piedra. Y la inspectora reaccionó también como la forense esperaba: levantándose aprovechando la pausa entre un artista y otro para ir en busca del mago a su camerino.

* * *

  —¡Adelante! —gritó el mago desde el camerino al oír repiquetear en la puerta.

  —Buenas noches —dijo Silvia, entrando—, soy la inspectora Silvia Espejo, de homicidios. Mi compañera es Sandra López, forense. ¿Puedo hacerle unas preguntas?

  —Sí, claro... —respondió el mago, perplejo.

  —¿Puede explicarme cómo llegó la carta al interior de la manzana?

  —¿Me está pidiendo que le desvele la clave del truco?

  —No, no, en absoluto. Imagino que hay toda una serie de trucos mentales para hacer que la chica elija una carta determinada o para saber cuál es la que ha elegido, pero esa parte no me interesa, solo quiero saber cómo se consigue meter una carta en una manzana.

  —Ah... Bueno, eso es trabajo de los proveedores del ramo, pero más o menos es así: Se cultiva la fruta normalmente, y cuando está más o menos a la mitad de su crecimiento se le hace una incisión y se introduce el tubo con la carta dentro. La pulpa sigue creciendo y cierra la obertura, igual que la carne y piel de animal cicatriza las heridas.

  —¡Vaya...! ¿Se puede hacer con cualquier fruta?

  —En general, con cualquiera que sea carnosa; con cítricos, por ejemplo, es más difícil, pero con peras, melocotones, incluso sandías o melones, es fácil.

  —Y, por ejemplo, ¿calabazas?

  —Perfectamente, sí.

  —Interesante... ¿Dónde aprendió usted esto?

  —En la escuela de magia, claro. Cualquiera del oficio lo sabe.

  —Muchas gracias, nos ha sido de gran ayuda.

  —No hay de qué, señoras. Buenas noches.

* * *

  Sandra esperó a estar en la calle para hablar.

  —Bueno, qué, ¿reabrimos el caso?

  —Me encantaría, pero... —dijo tras un suspiro— ¿de qué nos iba a servir sin las pruebas?

  —Tenemos las pruebas.

  —¿Las tenemos? —preguntó Silvia. En su momento, pidió a Sandra que se deshiciera de todo, para que nadie pidiera explicaciones sobre un supuesto cuento de hadas hecho real.

  —A buen recaudo, sí.

  —¡Eres fantástica!, desobediente, pero fantástica. ¿Tienes algo que hacer mañana?

  —Pensaba invitaros a ti, a Carlos y a José Luis a una barbacoa en mi casa.

  —¡Hecho!

* * *

  El equipo se reunió en el jardín de Sandra. Durante la comida se pusieron al corriente de toda la información que tenían del caso desde hacía años, y de las novedades sobre la introducción de objetos en vegetales.

  El tiempo ayudaba a ver las cosas de otra manera, más fría y racional. Donde antes vieron verdadera magia, ahora veían un truco. ¿Cuánto podía tardar una calabaza en formarse por completo, dos o tres meses? Los objetos que encontraron en ella debían de tener al menos un mes de antigüedad.

  —Carlos —dijo Silvia—, busca en la base de datos de vehículos limusinas dadas de baja o accidentadas antes de octubre de aquel año. José Luis, recupera el informe de la autopsia del perro. Sandra, ¿crees que se podrían sacar huellas de las llaves que había en la calabaza?

  —Lo veo difícil, estaban dentro de la calabaza sin protección alguna, el crecimiento de la pulpa debió arrastrar cualquier surco. Creo que hay más posibilidades de sacar ADN de la zona que huellas.

  —Pero el ADN, ¿no estará mezclado con el de la calabaza?

  —Sí, pero se puede aislar.

  —¡Genial, manos a la obra!

  —El perro era propiedad de un tal Óscar Martín, que denunció su desaparición el 28 de octubre —dijo José Luis.

  —¿Que lo denunció? —preguntó Silvia— Normalmente se pegan carteles por la zona en que desaparecen los perros, con una foto y anuncio de recompensa.

  —Sí, normalmente, pero en este caso denunció por allanamiento. Su cámara de seguridad grabó a un hombre saltando la valla de su jardín, disparando un dardo tranquilizante al perro y llevándoselo.

  —¿Y tenemos acceso a esa grabación?

  —No consta en los adjuntos del informe, tendremos que hacer una visita al señor Óscar Martín.

  —Vale. ¿Te encargas? Gracias. —Después se dirigió de nuevo a Carlos.— Carlos, vamos a investigar a toda la familia Garcilaso y a todos los empleados. Busca movimientos extraños en las cuentas y cualquier relación con la horticultura o la magia.

  —¡Sí, jefa!

* * *

  —Silvia Espejo, inspectora de homicidios —se presentó—. ¿Óscar Martín?

  —Sí, yo mismo.

  —Quería hacerle unas preguntas sobre la desaparición de su perro.

  —Pasen. ¿Quieren un café o algo?

  —No, gracias. Será solo un momento. Tenemos entendido que alguien entró en su jardín y se lo llevó.

  —Así es.

  —Y que su cámara de seguridad lo grabó.

  —Cierto —dijo acercándose a un ordenador portátil que tenía sobre la mesa —. Se lo enseñaré.

  El hombre buscó en una carpeta el archivo nombrado con la fecha de aquel día y lo hizo reproducir. Luego buscó el punto de la grabación exacto donde se veía el delito. Sabía localizarlo perfectamente, de tantas veces que lo había visionado.

  —Lo ofrecí al poner la denuncia, pero no me lo admitieron.

  —¿Por qué no?

  —No lo sé. El policía que me atendió tenía prisa para terminar su jornada y no me hizo caso apenas. No dio valor alguno a la prueba que aporté.

  —¿Puedo ver la copia de la denuncia?

  —¡Claro! Usted es la primera que muestra un poco de interés por el caso, ¿por qué?

  Silvia contestó después de ojear la denuncia, que parecía hecha por un estudiante que hace las tareas con el objetivo de aprobar por los pelos.

  —Señor Martín, tres días después de que se llevaran a su perro hubo un asesinato cerca de aquí, y él apareció muy cerca del cadáver, herido de muerte. Intentaron salvarlo pero no lo consiguieron.

  —¡Hace ya un año! ¿Por qué no me han dicho nada hasta ahora?

  —Las circunstancias que rodean el asesinato hicieron que se omitieran ciertas líneas de investigación que ahora se han retomado. Creemos que el rapto de su perro fue parte de la planificación del crimen.

  El hombre quedó derrotado. No podía hacer nada ya por su querida mascota, pero en su honor haría lo que fuera para castigar al responsable.

  —¿Nos cedería la grabación, por favor?

* * *

  En la comisaría, Carlos preparó, por un lado, un listado de limusinas accidentadas antes del asesinato, y por otro, una larga lista de familiares y empleados de la mansión Garcilaso con sus currículos correspondientes. Con ambas listas empezó a atar algunos cabos:

  El menor de los hijos de la familia, una oveja descarriada, de nombre Luis Ángel, había tenido una relación sentimental con la cocinera, Estela. A su vez, Estela había trabajado anteriormente con la víctima, Laura, con la que tuvo un conflicto que desembocó en orden de alejamiento.

 

 

***

Esto está inacabado, ¿me ayudas? Pon comentarios diciendo cómo deseas que termine esta historia.

Publicado la semana 16. 30/12/2018
Etiquetas
Superdetective en Hollywood , Las series policíacas , Cenicienta, caso abierto
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
16
Ranking
1 198 0