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Merche Blázquez

La Gran Ola

Cuenta la leyenda que el poblado Hairí, que habitaba la isla de mismo nombre, tenía como tradición entregar los cuerpos de sus difuntos al mar, donde creían que renacían en una vida submarina. Por descontado, nadie había regresado a este mundo para confirmar si era ese su destino, hasta que ocurrió la tragedia de la Gran Ola.

Sucedió al final de un verano más seco de lo habitual. Los manantiales de la isla se habían secado, y los hairíes sacaban agua del mar, la hervían, conducían el vapor por unas cañas huecas hasta otro recipiente, y allí se convertía de nuevo en agua libre de sal. Después la hacían pasar por unos filtros de tierra para enriquecerla con sus sales minerales, y de este modo conseguían el preciado líquido para sobrevivir.


El guía espiritual del poblado salió de su cabaña una mañana con el rostro impregnado de preocupación, y comunicó a todos que el mar estaba enojado porque desnaturalizaban su agua.
Los hairíes se reunieron en asamblea. Uno de sus líderes, Jamir, convenció a todos de que el sacerdote había perdido la cabeza, y votaron por mayoría no dar credibilidad al mensaje.


Entonces llegó la tragedia. El mar tomó impulso y, con una gran ola, lanzó sobre la isla todos los cuerpos que los hairíes le habían ido entregando durante generaciones, esparciéndolos por toda la isla. En su retroceso al océano, a cambio, se llevó todos los cuerpos vivos que habitaban la isla. Los hairíes gritaban aterrorizados al conocer su destino, especialmente Jamir; solo el guía espiritual, con su conciencia limpia, fue capaz de formular un deseo antes de ahogarse: ser agua.


Desde entonces, en la isla solo vive el agua que, en un ciclo sin fin, sube al cielo, cae a la isla y vuelve al mar.

Publicado la semana 142. 17/09/2020
Etiquetas
Mar , LEYENDAS
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Género
Relato
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III
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