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Merche Blázquez

La gitana

La gitana la miraba
con sus grandes ojos verdes
con que casi atravesaba
los caminos y los puentes.

Se sintió ella intimidada
por tan intenso mirar
y decidió confiada
acercarse a preguntar.

Díjole la pobre ingenua
«¿Por qué me mira usté así?»
Y contestó la morena
que porque se iba a morir.

Le tomó entonces la mano
y sus líneas resiguió,
poniendo cara de espanto
hasta que al fin exclamó:

«¡No llegará usté al domingo!,
quizá al viernes, creo yo».
Y se apartó de un respingo,
ni la propina pidió.

«¿Qué va a pasarme, gitana?
¿Qué va a pasar? ¡Por favor!»
Mas la gitana ya estaba
huyendo de ese pavor.

Aquellos que presenciaron
tan dura premonición,
tranquilizarla intentaron
en aquella situación.

El miércoles por la tarde
la tragedia comenzó:
se puso que casi arde
de fiebre que le subió.

Al médico la llevaron,
mas nada se pudo hacer.
Un par de días pasaron
y la vieron fallecer.

Al funeral, la gitana
sin invitación llegó,
un velo negro llevaba
y ropa negro tizón.

Se acercó a ver a la muerta
en su lecho de satén,
y al verla así tan bien puesta
quiso estar allí también.

«¡Maldita sea mi estampa!
¡Maldito sea mi don!
¡Maldito sea quien me manda
hablar con el corazón!»

«Señor, que estás en el cielo,
¡arráncame este poder!,
que jamás de nuevo quiero
visión como esta tener».

Y en ese momento un rayo
cayó sobre la gitana,
prendiendo fuego a su sayo
y envolviéndola entre llamas.

La moraleja es que todos
queremos tener poder,
sin saber que son muy pocos
los que lo aguantan tener.

Que, como Spiderman dice,
gran responsabilidad
tiene el que con poder vive,
y poca felicidad.

Publicado la semana 137. 14/08/2020
Etiquetas
Dinámicas en Facebook , Poder, muerte, gitana, adivinación
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Género
Poesía
Año
III
Semana
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