Semana
12
Merche Blázquez

La lista del Kinder

Género
Relato
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  A las 8 en punto, el ruido del compresor que utilizaban en la obra, que llevaba ya tres semanas dando la tabarra, despertó a María.

  Se levantó para ir al baño. Nada más salir de la habitación, le invadió un olor a porro que, a esas horas de la resacosa mañana, le resultó nauseabundo. Parece que la fiesta se le fue un poco de las manos.

  Lo cierto es que no recordaba qué había pasado, y decidió desayunar antes de plantearse averiguarlo. En su estado, necesitaba vitamina B y antioxidantes, así que se preparó un buen vaso de leche con cacao —el café, en contra de la creencia popular, no ayuda en nada a pasar la resaca—, una gruesa tostada con mermelada, y un kiwi. Se prometió desayunar sano todos los días de ahora en adelante, aunque reconoció que lo más probable era que el día siguiente lo hubiera olvidado por completo.

  Salió de la ducha con el albornoz puesto y fue a vestirse, pero el cajón de su lencería estaba completamente vacío. Casi le da un infarto. ¿Dónde demonios estaba toda su ropa interior? Fue a mirar al lavadero, pero allí solo estaba el corpiño que llevaba por la noche como parte de su disfraz de Blancanieves. Entonces recordó que le oprimía tanto el cuerpo que no tenía libertad de movimiento, y se lo quitó. Si se puso alguna otra cosa en su lugar o no, formaba parte de su laguna mental. Rebuscó al fondo del barreño, pero solo encontró unas braguitas manchadas de sangre, de la semana pasada.

  Tenía que encontrar sus prendas. Descartada su ubicación «normal», fue a buscarlas al salón, y lo que vio allí le produjo una enorme decepción: el cuadro de la Virgen de la Macarena estaba cara a la pared, y eso es algo que solo hacía cuando su conciencia católica se avergonzaba de lo que hacía o iba a hacer. Rubén, su novio, le decía que era una inmadurez por su parte hacer eso, que si se avergonzaba de tener sexo con él, no debía hacerlo, y si no se avergonzaba, no tenía por qué dar la vuelta al cuadro.

  Pero... ¡si Rubén no estuvo en la fiesta! ¿Qué narices hizo anoche para haber dado la vuelta al cuadro? ¿Acaso había puesto los cuernos a su novio? No, no podía ser, por muy borracha que hubiera estado, su lealtad a él era inquebrantable. ¿Qué narices había pasado allí?

  El móvil vibró. Veinte notificaciones de Facebook llamaron su atención. Accedió para ver qué era. Era un saludo «Bon dia», acompañado de una fotografía de una botella de Rioja, «vestida» con ropa de muñecas, que acumulaba 52 reacciones y 60 comentarios.

  ¡Menuda alegría se llevó al reconocer el lugar donde estaba hecha la foto!, porque le hizo recordar todo lo ocurrido. Fue a su habitación de trabajo y estudio, y allí estaban, colocados en formación como si se tratara de un desfile de misses, un montón de libros luciendo todas sus tangas.

  Todo había sido inocente. No había habido sexo, solo risas e imaginación, y mucha, mucha, creatividad. ¿Que qué tiene que ver el título? Muy sencillo: las palabras marcadas en cursiva fueron aportadas por mis compañeros de colegio de la infancia, expresamente para crear con ellas un relato. Son la lista de mi Kinder.

Publicado la semana 12. 25/03/2018
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