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11
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Alexandra abrió las cortinas. En el exterior brillaba el sol, tórrido desde buena mañana. Max se levantó y pasó por detrás de ella silenciosamente. Tras la discusión de la noche, se trataban como extraños.

Ella se lavó la cara y se maquilló como pudo para disimular la hinchazón de sus ojos, extenuados por el llanto. Él descargó su mal humor en el exprimidor de naranjas. Se sentaron cada uno en un extremo de la mesa. Rex, el perro, miraba a uno y a otro pidiendo su ración de mimos, pero ninguno estaba por la labor. Él hacía como que leía el diario, pero en realidad sus ojos recorrían el texto mientras su mente revivía la discusión, muy a pesar de su corazón. Ella movía en círculos la cucharilla del café, más de lo necesario, examinando sus sentimientos. Rex le rascó la pierna, llamando su atención, y ella le mandó bajar de ahí. Entonces lo intentó con Max, que le dio a lamer la cuchara untada de yogur.

Él decidió sacar al perro, así tendría una excusa para alejarse de ella un rato.

—Max, ¿traerás el pan, por favor?

Max respiró hondo para no dar un portazo. Eso era exactamente lo que hacía cada día cuando sacaba al perro, ¿por qué tenía que recordárselo?

Alexandra sintió una punzada en el pecho. Su intento de sacar conversación recurriendo a cosas rutinarias no había tenido éxito, más bien lo contrario. Llorando, fue a la habitación y extendió las arrugadas sábanas, deseando que actuaran a modo de muñeco vudú de su relación.

Max dejó el pan sobre el murete que bordeaba el pipi-can. Quitó la correa al perro, y este corrió a explorar cada árbol, poste y rincón. El día empezaba a ser caluroso en exceso, pero no parecía afectar al bóxer, que excavaba enérgicamente en busca de algún tesoro oculto, en el lugar exacto en que los cables aéreos proyectaban una sombra en forma de X.

Max suspiró. Desde el principio, la X había tenido una inexplicable presencia constante en su relación, y no solo porque sus nombres la contuvieran. Por ejemplo, fueron sus ex quienes les presentaron, durante una reunión de exalumnos  en la que ellos dos se sintieron un tanto excluidos hasta que, estando ambos rellenando sus bebidas, alguien vio un inexistente parecido entre ellos y los protagonistas de la serie X-files. Un par de años después de sus respectivos divorcios, formalizaron la relación durante una excursión, al llegar al punto que habían marcado en el mapa con una X.

La X tenía poder sobre ellos, y se aparecía en momentos de crisis para hacerles reflexionar.

Alexandra también recibió el mensaje cuando, al ir a meterse en la ducha, el flexo estaba cruzado. Dejó sobre el lavabo la alianza, que llevaba la inscripción "X X MMX". No habían elegido esa fecha expresamente, pero una vez elegida les pareció una coincidencia extraordinaria, y decidieron grabarla en números romanos.

Él salió de su trance al ver llegar a una excéntrica mujer con sus cinco chihuahuas, y decidió volver a casa. Ella salió de la ducha cuando consideró que había torturado su piel lo suficiente con la esponja exfoliante.

Frente a frente, las palabras no podían expresar lo que sentían, solo servía el gesto con el que se decían "te amo": dibujar con el dedo una X sobre su corazón. Y así, excitados, se entregaron al sexo de reconciliación, hasta el éxtasis.

Publicado la semana 11. 15/03/2018
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https://www.youtube.com/watch?v=0KiKEB5guoY , X, Hay tantas como golpes (sin contar el título)
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