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Alba Plata

MONÓLOGO DE LA PEREZA (II)

(La mujer se prepara un café y una tostada con tomate. Se sienta en una silla)  ¡Qué momento más dulce! ¡Qué maravilla! (Inspira  con regusto echando un vistazo a la cocina.  En la televisión continúan debatiendo sobre política). Nos quedamos a solas, la tele y yo frente al mundo.  Hay una en la cocina, otra en la salita, está la del dormitorio y una en el salón. Las pongo todas. Ahora mismo están todas encendidas así me acompañan en cualquier pieza de la casa. Disfruto de este ratito, luego se acabó. Vuelve la cruel realidad, la insoportable realidad. Y yo que me creí lo de la liberación de la mujer. ¡Qué estafa! Nos engañaron como a unas inocentes palomitas. Nos ha tocado trabajar fuera, ser activas y estar divinas siempre, y luego trabajar también en casa. Nos han contado una milonga y hemos caído de lleno.

Ya te digo. Antes de salir para el trabajo me toca hacer las camas, ventilar, recoger la ropa del tendedero, arreglar la cocina, preparar la lista de la compra. La comida la dejo hecha por las noches porque no me daría tiempo por la mañana, luego además viene ayudar en los deberes, la cena, los baños, tender la ropa, preparar lo que hay que ponerse al día siguiente. Me acuesto pasadas las dos de la madrugada. Mi vecina me dice:  ”Anoche te oí bien tarde trasteando en la cocina. No sé como aguantas”.  Eso digo yo. No sé cómo aguanto y no caigo reventada cualquier día… Cuando creo que está todo medio terminado, me toca el turno a mí. Yo como siempre la última para todo. Claro, acabo rendida. (Las televisiones siguen encendidas y continúan los intensos debates de política)

(La mujer desaparece por el lateral derecho, y regresa muy elegante con un bonito traje de ejecutiva)  ¡Ay, que agotada estoy y el día acaba de empezar!  A todo correr me coloco frente al espejo. Estoy tan cansada que apenas veo mi imagen reflejada en la lámina de cristal. Me pinto los ojos con prisas, se me corre el rímel, me doy colorete y me paso la barra por los labios.  Vaya ya me manché;  bueno terminaré de pintarme en el ascensor, ahora no tengo tiempo. Salgo  a todo correr pero se me olvidan las llaves, siempre las dejo sobre la mesa de la cocina cuando llego por la noche cargada como una burra con las bolsas de la compra; las suelto en el suelo y dejo las llaves sobre la mesa y salgo corriendo al baño porque me vengo orinando. Llevo sin orinar desde la hora de comer, no he podido parar para hacerlo. Así que ahora tengo que volver a buscarlas.  Algún día se me olvidarán dentro de casa y no podré entrar, hasta que al bueno de mi marido se le ocurra regresar.  (Recoge la loza del desayuno, la mete en al lavavajillas y limpia la mesa con una bayeta que ha humedecido previamente en el grifo del fregadero. Uno a uno apaga los aparatos de televisión. Suena el teléfono). Lo que faltaba, con la prisa que tengo. Será algún gilipollas. (Descuelga el auricular y contesta)  Sí… ¿quién es?... Ah eres tú… No, todavía no he salido. Te he cogido el teléfono, ¿no? ¿Entonces,  a qué preguntas?  ¿Llevaste a las niñas al colegio?  ¿Ha pasado algo?… ¿No le habrá ocurrido nada a las niñas? No me asustes…Hijo, no te quejes tanto,  es lo único que haces, y te lamentas. Me cambio contigo ahora mismo. Ya quisiera yo tener tu trabajo, un trabajo cómodo sin estrés y cuando terminas, se acabó. Una buena siesta, luego al bar a ver a los amiguetes. ¿Cuánto hace que no duermo yo una siesta? … ¿Qué querías? … Me sorprende.  ¡Cómo no llamas nunca ¡  Hijo, vaya un control… Es tempranito, no me calientes que ya voy caldeada desde bien temprano. Bueno. Te dejo que llego tarde…Sí, lo que tú digas. Anda, vete a la mierda. (Cuelga el teléfono y apaga la luz. La mujer sale de escena por el lateral izquierdo).

Publicado la semana 99. 22/11/2019
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La vida misma , Cuando uno pueda, cuando te dé la gana, cuando tengas algo que te guste , La hora de levantarse y el largo de trabajo que nos espera
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