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Alba Plata

MONÓLOGO DE LA PEREZA (I)

(La escena se desarrolla en la cocina de una casa de clase media. Al fondo, alineados, los mueble, un fregadero, un lavavajillas, frigorífico, lavadora y un televisor. Hacia el proscenio una mesa y cuatro sillas)

 

 (En el interior suena un despertador. Se oye hablar a una mujer). ¡Santo cielos, las siete y media y apenas he dormido! Siempre lo mismo. ¡Qué pereza! Y me tengo que levantar.  ¡Buf!... No  puedo con mi vida. Vaya nochecita. (Bosteza y suspira. El despertador deja de sonar, debe ser ella la que apaga el zumbido. Se escuchan voces. Discuten sobre política. La mujer  entra en la cocina llevando un cesto lleno de ropa. Viste un pijama y va despeinada. Enciende el aparato de televisión. En el interior izquierdo en el que está  el dormitorio, continúan hablando de política)  Cansada estoy como una perra, igual que si me hubiera hecho una maratón. Si por mí fuera me quedaría en la cama hasta bien tarde, sin nada que hacer, nada en que pensar, solo dormir y soñar… ¡Soñar! …¡Qué bien suena eso!  Fabular con la vida y crearla a mi antojo. Nunca tuve tiempo de soñar. Yo que me he creído una vaga como me han dicho siempre, llevo toda la vida trabajando desde que era una niña, trabajando y estudiando sin  parar. Que se  dice pronto.

(La mujer se pone a barrer con desgana).  Lo primero que hago al poner un pie en el suelo, antes de nada, es encender la tele. Y no es porque la vea, que no me vaga con todo lo que tengo que hacer antes de salir pitando para la oficina, pero me acompaña y no me entorpece. La tele no me replica, no me critica. Parece mentira. ¡Qué felicidad!... Yo escucho las canciones propagándose por toda la casa y me pongo a cantar a voz en grito, bueno cuando no están éstos dale que te pego hablando de política. (Y señala con el dedo hacia el televisor). Ahora no hay momento del día ni cadena que se precie en que no haya una tertulia con el monotema, “política y venga política”, como si este país no tuviera otros problemas que  debatir.  A mí, desde luego, me da vidilla. Y me pongo a cantar a voz en grito, como una Jurado cualquiera,  “Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo…” Qué verdad más grande, como si me conociera. Ya está la loca del segundo, dirán mis vecinos, aunque ninguno me ha llamado la atención, todavía. No cantemos victoria, nunca mejor dicho,  que el día menos pensado viene alguno con la escopeta cargada y me cruje. Yo sólo hago ruido por las mañanas, a esa hora estarán todos trabajando, digo yo, no creo molestar demasiado…Además solo canto los sábados mientras limpio la casa…Y las peleas de los políticos... Ah, esas me vuelven loca. Me encantan. Yo me río y les hablo en alto, les critico, les recrimino lo mal que lo están haciendo y hasta me permito insultar con esas gruesas  palabras con las que un improperio parece aún más  contundente, y todo porque me da la gana y además se lo merecen. Todos ellos. Me da igual, sean de izquierdas, de derechas o mediopensionistas. Roban y se lo llevan calentito a paraísos fiscales, mienten impunemente. A estos golfos solo les interesa conseguir un sueldo de por vida y una buena pensión que les asegure una vejez confortable, y si es posible colocar a la familia. “LA FAMIGLIA”, lo pronuncio con acento italiano, “LA FAMIGLIA” así en plan mafioso, como en aquella película de Marlon Brando que me gusta tanto. ¿Cómo se llama? Ah sí, El Padrino, creo. Repito: “LA FAMIGLIA”, la suya claro, porque los ciudadanos normales, o sea nosotros, los paganinis, los que les sustentamos, los que pagamos sus sueldos con nuestros impuestos, que nos den por saco. Carecemos de  importancia para ellos, nos ignoran, somos invisibles excepto para pedirnos el voto. ¡Qué ascazo! … Ahí sí que somos importantes, somos más que eso, nos convertimos en seres visibles e imprescindibles.  Luego están los voceras de los periodistas, o comentaristas o enchufados en las cadenas, o lo que narices sean. Esa es otra. No me olvido de ellos. Siempre inventando noticias falsas que hacen pasar por verdaderas y confunden a los buenos ciudadanos, a las personas decentes y a los ignorantes para llevarlos a su terreno. Lo mejor de hablar a la tele es que puedo cabrearme en voz alta cuando escucho tantas tonterías... Mira ése. ¿Cómo? (Se dirige hacia el televisor).  Anda que lo tienes claro. ¡Cállate boca chanclas, que no dices más que bobadas!  No te lo crees ni tú.  Uy, (Se tapa la boca con las manos). Si esto lo digo en público, madre, me cae la del pulpo, pues no es la gente susceptible ni nada… Una vez dije que Dios era un invento de los hombres para dominarnos con el miedo al infierno a través del castigo por el pecado. Casi me lapidan esas que crees que son tus amigas, tus propias compañeras que se las dan de modernas, feministas, progresistas, y son unas auténticas meapilas. Unas fariseas es lo que son que no cumplen los preceptos de la Santa Madre Iglesia Católica. Tócate la peineta. Y lo peor es que son universitarias. Eso sí que me da rabia, me pone de los nervios, personas preparadas para razonar y que se traguen píldoras como ruedas de molino. No les hubiera importado haberme liquidado sólo por expresar una opinión que es la mía, tan válida como la de todo el mundo. Vamos como en la Edad Media.  Pena me dan. Con la tele no me pasa, insulto a placer sin que nadie me discuta, digo lo que me parece,  libremente. Hay que ver lo que saben estos iluminados de cómo llevar un país, digo yo, que se presenten a las elecciones. Habría que ver cómo lo hacen. Para ellos hablar y hablar y hablar es una catarsis y además les pagan.  A estos les daba yo un trabajo de ocho horas sin parar, y otra jornada de ocho horas al llegar a casa. Todo el día a todo correr: la  casa, los niños, el marido, y estar arreglada y guapísima, preparada y actualizada en las últimas tecnologías, con buen humor, agradable y encantadora, siempre dispuesta para hacer varias cosas a la vez, todo urgente, todo para antes de ayer, terminado y perfecto.

Publicado la semana 98. 13/11/2019
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Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo... , En cualquier momento , Un experimento
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Teatro
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