Semana
36
Marisa Herga

El hombre más rico del cementerio (continuación y fin)

Género
No ficción
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El ahora ya, Don Fernando, había empezado a administrar las rentas y negocios de la familia, por delegación de su padre y con su supervisión. El joven tenía buena vista para las transacciones comerciales, y poco a poco, fue adquiriendo nuevas fincas y más ganado acrecentando considerablemente el patrimonio familiar. Fallecido su hermano Francisco a los 20 años, Don Fernando se convirtió en el único heredero de tan colosal patrimonio, y siendo que todavía continuaba soltero, era el momento de buscarle esposa. Al final pareció que la mejor era la hija de un banquero de Salamanca por ser joven prudente y honesta, y sobre todo, muy rica.

Sin embargo el intento de casarle fracasó, siendo lo más probable que por su carácter bastante áspero y su timidez, no hubiera aceptado el compromiso, así que el joven Don Fernando, pasó a ser lo que se llama un solterón hasta su muerte. No se le conoció novia alguna, ni amiga ni acompañante femenina durante toda su vida, tampoco frecuentaba amigos en el círculo de la selecta sociedad de aquella ciudad provinciana.

Fue al morir su padre, Don Lesmes, años atrás ya había desaparecido su madre, que Don Fernando como único heredero del patrimonio inmenso de las dos familias, pasó a ser el mayor terrateniente con propiedades en fincas urbanas en numerosas calles de la ciudad, inmuebles en la Plaza Mayor y El Palacio de la Isla, rústicas, campos de cultivo arrendados, dehesas, olivares y encinares que se valoraban en más de 4.000 hectáreas. Todo el paisaje que se puede divisar a la salida de la ciudad por la carretera de Madrid, conocido como Los Llanos de Cáceres, era de su propiedad, que es una enorme extensión de tierra sembrada de cereales y pastos donde pacían sus muchas cabezas de  ganado lanar, acciones en empresas y fábricas y valores del tesoro. La Alberquilla, en Guadalupe, la Dehesilla en Portezuelo, terrenos en Portaje y en la carretera de los Cuatro Lugares. En Cáceres, tierras de El Rodeo, Maltravieso y El Muelo.

Era un hombre enjuto pero bien parecido y ahora dueño de un gran emporio, si no hubiera sido por ese carácter tan huraño que lo hacía insociable, se lo habrían disputado las damas nobles y pudientes más importantes del país.

A partir de la muerte de su padre empezó a realizar frecuentes viajes a Madrid, alojándose en el Hotel Inglés, considerado el más antiguo de la capital, inaugurado en 1886, sito en la calle Echegaray muy cerca de la Puerta del Sol. No conocemos la vida que allí hizo Don Fernando y sus relaciones, si es que las hubo, o si la razón de sus viajes estaba únicamente ligada a los negocios. En ese lugar debió coincidir con la cupletista Raquel Meller, la bailaora gitana Pastora Imperio y su marido el célebre torero Rafael Gómez Ortega llamado El Gallo ya que era un establecimiento en el cual se alojaron muchas  veces.

Don Fernando estaba muy apegado a la ciudad por la que se le veía pasear en solitario envuelto en su negra capa y sentía gran  responsabilidad por su tierra, siempre sin hacerse notar. Contribuyó implicándose económicamente en la construcción de la Plaza de Toros y el Gran Teatro, y donó el solar sito en la Avenida Virgen de la Montaña para la construcción del colegio de las Normales. Pese a su carácter arisco y reservado cuidó de la gente que trabajaba para él y se supo rodear de criados fieles y servidores de su entera confianza a los que protegió, incluso después de su muerte.

La Guerra Civil le sorprendió en Madrid, una ciudad aislada, sitiada y objetivo de los bombardeos de los aviones del bando sublevado de la que se hacía imposible salir. Alojado en el hotel Inglés que ocupaba siempre en sus desplazamientos a la capital, se sintió indispuesto y debió encontrarse muy enfermo pues solicitó le facilitaran hojas de papel, que le entregaron con el membrete del hotel, en las que redactar su testamento. Soltero, sin hijos ni herederos directos nombró beneficiario a su hombre de confianza, legando toda su fortuna a Ramón Criado mientras viviera y a la muerte de éste, habría de crearse una fundación que perpetuase su nombre a beneficio de la educación de personas con discapacidad y estudiantes universitarios sin recursos, y dada su gran religiosidad manda legar joyas para la Virgen de la Montaña, por la que tenía gran devoción y destinaba una partida de 20.000 duros para el arreglo de la iglesia. No se olvidó de aquellos que le habían servido, dejó establecida una pensión en su beneficio. Y así se hizo, aunque no pudo cumplirse al completo el deseo de Don Fernando muerto el 4 de junio de 1937 a los 72  años, pues la mala fortuna quiso que el legatario falleciera poco tiempo después.

En varias ocasiones, los familiares lejanos del mismo Don Fernando y los del criado intentaron impugnar su última voluntad, al final fue la Beneficencia la receptora de la herencia, aunque  la Fundación no fue una realidad hasta 1956.

Pasado el tiempo, ya terminada la guerra civil, se intentó traer el cuerpo del difunto para que fuera depositado en el mausoleo de la familia en el cementerio local. No pudo localizarse, la guerra primero y la posguerra después, cubrieron con un oscuro manto el misterio del paradero de sus restos que, todavía, no se han encontrado.

Se podría pensar que él mismo lo había planeado así, siendo un hombre al que no le gustaban las relaciones sociales, no querría un funeral grandioso y multitudinario, ni tampoco honores y homenajes hacia su persona.

Al cabo de unos años, un joven periodista recién llegado al periódico local, se interesó por el misterio del hombre más rico del cementerio; en su investigación únicamente encontró unos operarios cargados con palas al hombro y unas carretillas con sacos de cemento saliendo del sepulcro, pues al parecer estaba vacío y lo empleaban de almacén.

Mucho después se arregló el mausoleo, llevando allí los restos de sus padres y hermanos, y a falta de los suyos, para que fuera recordado tan generoso benefactor, se acordó colocar en el suelo de la cripta del panteón una rosa de los vientos, con la inscripción: “en memoria de Don Fernando Valhondo Calaff”.

Esta ha sido la historia y yo así la he contado, pero el misterio continúa y aún se sigue buscando al hombre más rico del cementerio.

Publicado la semana 36. 03/09/2018
Etiquetas
Boleros de los Panchos , Historias de mi ciudad , Con los pies calientes, de noche antes de dormir
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