Semana
28
Marisa Herga

Una vida en la basura (II)

Género
No ficción
Ranking
2 199 0

Un año después Margaret y Elmer se trasladan a Madrid y se instalan en la calle Miguel Moya, en pleno centro de la capital, muy cerca de la populosa Gran Vía y la Plaza de Callao, un piso con una hermosa y soleada terraza que les sirvió de plató para muchas de las fotos del matrimonio que luego Margaret utilizó como modelo para las figuras de desnudos de el cuadro “Adán y Eva”. Se utilizó también para otras fotos, muchas de las cuales sirvieron de inspiración para la obra “Juego de Dados”, “El árbol de Josué” o “Las manos del Artista”, “La danza de la muerte” realizado con una modelo desconocida y su hijo Nelson que posó para “Puente romano y río Tormes”.

 

En esta época los Modlin empezaron a viajar por distintos puntos de la geografía española, dejando testimonio gráfico de todos los sitios emblemáticos de los lugares que visitaban, luego Margaret utilizaría esas fotos para el estudio de sus visiones pictóricas; Ávila, Segovia, Granada, Gerona, la playa, el Cabo de Creus, Guadalupe y Valverde de la Vera, en la provincia de Cáceres, son alguno de ellos. Eran personas cultivadas y les gustaba viajar desde luego, prueba de ello son las fotos tomadas en París, en Roma, Venecia.

 

Era una constante en los Modlin fotografiarse constantemente y también fotografiar documentos personales y la correspondencia que mantenían con personas importantes o conocidas. Tras el fracaso en su constante búsqueda de la esquiva fama, comenzaron a documentar todos sus datos con fotos como si pretendieran dejar constancia de su existencia para el futuro así como de las relaciones con personas importantes y conocidas.

 

Con posterioridad, en el 71, se mudan a la calle Don Felipe, también en el centro de Madrid, y poco más tarde se instalan definitivamente en ese piso de la calle del Pez, amplio, de altos techos, esquina a la calle San Roque y balcones a las dos calles, que sería su nido y refugio durante treinta años, donde ella siguió trabajando sin descanso sus enormes lienzos que firmaba con el anagrama de las tres emes mágicas de su nombre, Margaret Marley Modlin; los triángulos y todo lo que se relacione con el número tres era una constante en su obra, ellos son tres y hasta coincidió que vivieron en el 3 de la calle del Pez que tiene tres letras y sus cuadros los fechaba con “el año de la luna de…”  contados a partir de 1969, la fecha en que llegó el hombre a la luna y en la que surgió su amistad con uno de los seres que ella consideraba más importantes en su existencia, el escrito Henry Miller.

 

Poco antes de venirse a España, Margaret hace un retrato de su gran amigo Henry Miller al que, tanto ella como su marido, consideraban como un hombre eminente y al que tenían en alta estima, le pinta con grandes alas, ella lo denomina “Miller ve más que un  águila”,  aquí el escritor aparece sentado en una columna griega escribiendo su nombre sobre un cuaderno, frente a él, un arpa con cabeza de mujer y semblante melancólico le contempla, a sus pies hay una lechuza que fija su mirada en el espectador. Posteriormente, en el año 1973 una vez establecidos ya en España, pinta otro muy similar, “Miller sin alas”,  el novelista permanece en la misma postura, esta vez sentado sobre unos dados, cuyos puntos suman doce, curiosamente múltiplo de tres, frente al autor hay una estilizada columna al final de la cual, en el extremo superior, descansa un ángel y a sus pies la figura de un hombre desnudo que simboliza ser el diablo con sus atributos de cola y cuernos y cuyo rostro es, claramente, el de Elmer. Más allá, un esqueleto se apoya en una segunda columna y una mujer desnuda como una nueva Venus, que no es otra que Margaret, surge de un dado, cuyos puntos suman tres, sosteniendo un paño rojo. En ambos retratos, el autor de Trópico de Cáncer, nos mira como si le hubiéramos sorprendido en algún oculto pensamiento.

 

La amistad que unía a los tres era tan notable como su admiración, continuando desde España a través de la correspondencia que mantienen, en sus palabras mecanografiadas por ella misma, Margaret le agradece que les animara a venirse, donde dice son muy felices y no les faltaba el trabajo, aunque le mentían al decir que todos habían triunfado. En una ocasión en que una de las mejores galerías de arte de Madrid se interesó por la obra de Margaret, llegó a pedir a Miller que certificara que había sido su modelo en los dos retratos ya que ponían en duda su autoría.

 

A Elmer no le faltaba trabajo en las películas de producción americana y en las muchas que se filmaban en la época con la moda del destape, en las que invariablemente hacía falta un elegante, inocente y despistado americano y siempre en pequeños papeles. Trabajó también en series para la televisión española, apareció en un episodio de Curro Jiménez. Era un hombre ciertamente culto que escribía poesía y teniendo conocimiento de la lengua española, tradujo algunos poemas y él mismo dejó un manuscrito titulado “Un poema en mi bolsillo”, fechado en 1996, que contenía poemas de temas religiosos que escribió entre 1977 y 1996 y un relato sobre su experiencia en Nagasaki, titulado “Nagasaki y yo”.

 

Absolutamente enamorado de su mujer por la que sentía una veneración casi patológica, la idolatraba llegando al delirio, con la misma intensidad que Margaret adoraba a su hijo, su ideal de belleza y su hermoso modelo en multitud de cuadros. La madre dominaba la casa en un micro cosmos asfixiante, con una disciplina inflexible, inexorable en sus juicios sobre las personas que no parecían gustarle demasiado y Elmer, que la adoraba, ejercía de su esclavo más sumiso. Quizá esa atmosfera un tanto intransigente y opresiva influyó en el carácter del joven Nelson que huyó en cuanto pudo.

 

Con Nelson llegué a tener una relación que no me atrevo a calificar de gran amistad, quizá era algo más bien intelectual, nos unían algunas ideas sobre el futuro y el mundo, la belleza y el amor al arte, temas sobre lo que manteníamos encendidas conversaciones. Frecuentábamos los típicos bares de la movida en los que disfrutamos de los conciertos que organizaban pequeños grupos de música y salíamos a divertirnos con chicas, pues éramos jóvenes y eso es lo propio de la edad. Alguna vez le acompañé hasta su casa, y fue cuando conocí personalmente a sus padres que me parecieron muy educados y encantadores.

 

Un día su madre muy cortésmente me invitó a pasar y me preparó un té con limón, me pareció simpática, aunque no hablaba ni una palabra de español por lo que Nelson sirvió de improvisado intérprete ente los dos. Yo estaba absolutamente hechizado por aquella mujer todavía bella, distinguida y elegante, de dulce mirada y modales exquisitos;  llevaba sus suaves cabellos de un color castaño claro peinados en una interminable trenza que le colgaba a lo largo de toda la espalda y que, cuando salía a la calle, ella recogía con refinada coquetería en un moño con raya al medio, dejando a los lados unos bucles que enmarcaban delicadamente su cara. Era delgada y esbelta como una bailarina y sus dedos  limpios y largos no delataban ningún rastro de barniz o pintura. La amplia casa, estaba limpia y ordenada a pesar de la acumulación de óleos y pinceles, papeles y libros, una mezcla de perfume de sándalo y trementina flotaba en el aire haciendo de mi cabeza un tío vivo dando vueltas, embriagada de un prometedor placer.

 

Ella me sonreía con solicitud y miramiento, como si fuera yo el único ser digno de atención sobre la tierra, y tomándome de la mano me condujo a través de todas las dependencias de la casa cuyas paredes estaban forradas prácticamente con sus obras, lienzos de tamaño bastante considerable, alguno de ellos, tan enormes, que tenían que apoyarse sobre el suelo; aquellas pinturas de un surrealismo lírico me parecieron irresistibles y desde el primer momento ya no pude sustraerme a la fascinación que causaron en mí, me atraían como el imán al acero.

 

Hablaba casi en un susurro, con una voz deliciosamente dulce que me arrebataba, y a continuación Nelson traducía sus palabras. Sin contener su conmovedora emoción, describía cada una de sus obras, me explicaba el significado de los temas y los símbolos, desentrañaba para mí aquello que quería expresar con esas imágenes. Consideraba que Dios se lo había encomendado, que la sociedad aún no estaba preparada para comprender la magnitud de su arte, cosa que haría cuando ella desapareciera y, en opinión de su marido y de ella misma, se consideraba la mejor pintora del Apocalipsis de San Juan de todos los tiempos, consideraba a su obra su gran epopeya espiritual.

 

A pesar de ello, sus pinturas no eran inquietantes, ni oscuras ni siniestras, no había en ellas nada tétrico, o al menos no me lo parecía, los colores eran planos, luminosos y claros, amarillos brillantes, transparentes malvas y azulados, intensos tonos rosados, los negros o marrones no existían, las figuras, casi siempre Elmer, Nelson y ella misma, permanecían estáticas como captadas en un instante, quedando  suspendidas en el tiempo.

 

Había estudiado a los pintores clásicos que le entusiasmaban, especialmente aquellos cuyas obras trataban temas religiosos. Algunos de sus favoritos eran El Bosco y El Greco, una de sus fuentes de inspiración era su visión del Apocalipsis, un óleo de grandes dimensiones basado en el Libro quinto del Evangelio de San Juan, en que éste ve el libro sellado con siete sellos y a los redimidos de todas la naciones, llamado “Apertura del Quinto Sello del Apocalipsis o Visión de San Juan” que pudo ver alguna vez en el Museo Metropolitano de Nueva York donde se conserva.

 

Me extrañó ver “Generalísimo Franco, tú que vives al abrigo del Altísimo, y habitas a la sombra del Omnipotente”, un cuadro con Franco vestido de general, que me parecía fuera de lugar entre todos los demás. Era una extraña pintura figurativa y llena de simbolismos, en la que se distinguían tres escenas. Situado a la derecha del espectador, el retrato fiel del dictador Franco aparece con un rostro color ceniza, tan pálido, que infundía un cierto terror, a la izquierda sentado, un gran león de enorme melena dirige su mirada hacia la derecha y tras él, asoma la cabeza de un inocente cordero, el centro, que parece dividir en dos el cuadro, es una gran mesa que semeja un camino que se pierde en el horizonte sobre el que brilla una luminosa estrella de cinco puntas. En primer plano, sobre la mesa dos fuentes contienen unos panes y unos peces.

 

Contó ella que cuando era niña vio una fotografía del dictador y su mirada magnética le atrajo hasta el punto que cuando le vio junto a Nixon muchos años después descubrió que encarnaba su ideal de soldado creyente y devoto, fiel al espíritu cristiano, y conmovida por un enamoramiento súbito, sintió que debía pintarlo. Ella describe muy bien el significado de este cuadro y lo que pretendía expresar en él, en esta curiosa carta dirigida con total atrevimiento y la mayor osadía al mismísimo General Franco, mecanografiada en español, un idioma que curiosamente no llegó a aprender nunca:

 

 

“GENERALÍSIMO FRANCO

 

Este cuadro está basado en un sueño, FE, ya que a través de tu Fe, CAUDILLO DE ESPAÑA, sin par en la historia, has dedicado toda tu vida a Cristo en la Cruz, y a tu pueblo. Me sentí inspirada para pintarte a ti: GENERALÍSIMIO FRANCO, “Tú que vives al abrigo del Altísimo y habitas a la sombra del Omnipotente.”

 

En mi pintura, La Iglesia, que tiene por techo la bóveda del cielo, es el símbolo del cuerpo de Cristo, situado como está en un lugar celestial. La Cruz Cristiana, símbolo de nuestro Salvador, emerge de una cruz griega, y es el punto de convergencia. Las tres estrellas son el símbolo del misterio de Dios. La estrella más cercana ilumina la Mesa del Señor, con sus sillas, a la espera de la Santísima trinidad- EL PADRE, EL HIJO y EL ESPÍRITU SANTO.

 

Cristo reina en tu tierra, GENERALÍSIMO FRANCO, y el espíritu de la PAZ, significado por el león y el cordero, predomina para tu pueblo y para todos los habitantes de la Tierra. Tú eres un soldado Cristiano, cuyo pueblo es plaza fuerte de la Cristiandad, y nos pide que participemos de tu milagro, ya que has seguido el ejemplo de Cristo y has alimentado a las multitudes por medio de tu fe, lo mismo que ÉL, alimentó con dos peces y cinco panes en un momento crucial para la FE del Mundo, enseñándonos a multiplicar todo lo bueno del Ser Humano.

Con humildad y respeto

Margaret Marley Modlin

Madrid

Navidad de 1973”

 

¿Llegó Margaret a enviar la carta? ¿Le fue entregada a Franco, y en caso afirmativo, acaso la leyó? Parece que ocurrió que, a través de un intermediario, el almirante Carrero Blanco encargó el cuadro para que formara parte de Patrimonio Nacional por el que pensaba pagar una desmesurada cantidad de dinero, pero al morir éste en el atentado de ETA del 20 de diciembre de 1973, nadie fue a reclamarlo y quedó allí como testimonio de otra de las obsesiones de Margaret, junto con Henry Miller, a su juicio, los dos personajes más interesantes e importantes de la historia. 

Publicado la semana 28. 09/07/2018
Etiquetas
América (Nino Bravo), Killing me softly (Roberta Flack, Así habló Zaratustra (Deodato) , El amor por el arte , Siempre, en cualquier parte, en cualquier momento, en soledad , El surrealismo de Dalí
Compartir Facebook Twitter