Semana
13
Marisa Herga

El principio

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Relato
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Y allí estaba ella, rutilante, maravillosa, como una diosa, alta, esbelta, las piernas larguísimas, se movía con elegancia girándose sobre sus tacones de aguja entre los distintos grupos, regalando a cada invitado una sonrisa radiante de dentadura perfecta que, sin soltar la copa de champán, recibía besos, abrazos y felicitaciones, y a su vez ella los devolvía con una encantadora coquetería. Al reírse echaba la cabeza hacia un lado, en un movimiento provocador, impulsando su melena oscura que acariciaba delicadamente sus bien formados hombros. Irradiaba un atractivo fascinante, no pude reprimirlo, me sorprendí observando cada centímetro de sus formas embutidas en un escotado vestido rojo con la espalda desnuda y tan estrecho que se adaptaba  a su figura como una media, tanto que dejaba adivinar cada músculo de su cuerpo.

Calculé que no llevaba ropa interior, ninguna arruga ni opresión, nada delataba que la llevara. Ese sólo pensamiento me excitaba haciendo volar mi imaginación. Cerré los ojos y olvidé donde me encontraba. En mi fantasía la vi venir hacía mí ofreciéndose inmensa en su deseo de poseerme, su ardiente boca capturaba mi boca como una fiera que no pretende soltar su presa, me aprisionó violentamente contra la blanca pared chorreante de brillantes colores clavándome las uñas en los glúteos y me entregó su húmedo sexo donde yo me vaciaba de placer.

Tratando de escapar de aquella ensoñación, tomé una copa de la bandeja que servían unos camareros perfectamente uniformados, apurándola hasta el fondo y fui recorriendo la gran sala de paredes blancas, atestada de personas muy bien vestidas, gente muy guapa y elegante, pretendía centrarme en la visión de los enormes lienzos saturados de color, sensuales y voluptuosos, expuestos en las paredes de la Galería. Terminé una segunda copa con la intención de salir de allí para calmar mi lujurioso deseo por la dama del traje rojo, pero se me hizo imposible. Me seducía la pasión por poseerla allí mismo, desnuda en el centro de la habitación, devorarla salvajemente delante de todos, en medio de un círculo de espectadores silenciosos, todos babeantes y envidiosos contemplando cómo gozamos, exhaustos y sudorosos.

Iba excitándome por momentos, abandoné la sala camino del baño. Una vez liberado de mi ardor, salí al aire fresco de la noche que me hizo recuperar la cordura. 

Publicado la semana 13. 27/03/2018
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YOU CAN LEAVE YOUR HAT ON (Joe Cocker) , Una lectura , Con pasión , Un vestido rojo en un escaparate
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