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Alba Plata

EL RETRATO

La joven subía cada día al autobús en la misma parada, ocupando siempre el primer asiento al lado de la puerta, junto al conductor. Sus miradas se cruzaron una mañana y quedó tan impresionado que, inmediatamente, sintió la ineludible necesidad de pintar su retrato.

El pintor se sentaba tras ella, observaba la blancura de su piel, la esbeltez de su cuello, sus redondeados hombros, aspiraba el aroma que desprendía su cabello, memorizaba cada detalle y, cerrando los ojos, imaginaba que aquella sería su mejor obra.

Cada noche, daba forma al retrato, aplicaba nuevas manchas,  cambiaba el color de las pinceladas, la posición del rostro, la inclinación de los hombros, las sombras y las luces en el cabello y, cuando ya lo hubo configurado, decidió que debía abordarla, pedir que le acompañara a su estudio y rematar aquellos misteriosos ojos que tanto le subyugaron, el único elemento del rostro al que no acababa de dar vida.

La esperó en la parada durante todo el día, pero la joven no subió al autobús. Preguntó por ella a los viajeros, al conductor y nadie parecía recordarla. Fue una anciana, que solía viajar en esa línea, la que le informó:

─Sí, usted se refiere a la cieguita. Ayer cuando bajó del autobús, sin esperar a que llegara la persona que viene a recogerla a diario, cruzó la calzada, con tan mala fortuna que fue arrollada por un coche. No se puedo hacer nada, desgraciadamente, la chica murió en el acto.

El pintor regresó a su casa, se encerró en su estudio y nunca más volvió a pintar. Desde entonces, sobre el caballete, espera silencioso el retrato inacabado de una joven cuyos ojos se pierden en el vacío.

Publicado la semana 112. 23/02/2020
Etiquetas
La Traviata, Verdi. , Amor por el arte , Hay que leer siempre, el cualquier momento , golpe
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Relato
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III
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