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Alba Plata

LA INVASIÓN DE LOS RATONES

Erase una vez, una pequeña y hermosa ciudad, de palacios y de torres, de iglesias y campanarios coronados con nidos de cigüeñas, donde sus habitantes vivían felices y tranquilos, hace mucho, mucho tiempo, fue invadida por una plaga de minúsculos ratones.

Llegaron poco a poco y fueron ocupando las casas, dominando los campos, asaltando los almacenes, hasta que llegó el momento en que ya no se podían controlar y nadie encontraba un sistema eficaz para deshacerse de los molestos roedores.

Los vecinos se reunieron en asamblea en la Plaza Mayor, para ver si alguno daba con la solución. Convocaron al hombre sabio, el más viejo del lugar, y este dijo que lo había pensado mucho, pero no había conseguido dar con una fórmula que acabara definitivamente con la plaga, por eso propuso que cada persona expusiera una idea distinta que pudiera ser efectiva.

Un vecino dijo que se podía hacer mucho ruido dando golpes con las tapaderas de las cazuelas, esto los ahuyentaría. Otro, que tirar cohetes, que los asustaría. Ninguna de esas soluciones les pareció definitiva.

Una mujer propuso poner trampas con queso para cazarlos y un hombre pensó en arrojar veneno en las alcantarillas, de esta manera los ratones morirían. Estas dos soluciones no convencieron a nadie, y todos se alarmaron pues no querían que los ratoncitos murieran, únicamente querían que abandonaran la ciudad.

─Yo sé cómo solucionar el problema ─dijo de pronto una dulce voz que surgió del fondo.

─¿Quién eres tú? ─preguntó el anciano, haciéndole un gesto para que se acercara.

─Me llamo Abraham y tengo seis años.

─A ver, jovencito, qué es lo que tienes que decir.

─Yo sé cómo acabar con los ratones ─afirmó el niño sin pestañear.

─ Y cómo es que piensas hacerlo, muchacho ─ quiso saber el anciano.

Todos se miraron desconcertados, hubo un murmullo de asombro general, y después se hizo un gran silencio..

─Pues muy sencillo, con una plaga de gatos ─propuso el muchacho.

Fascinados por la inteligente propuesta de un niño tan pequeño, se pusieron a buscar mininos por toda la comarca y llenaron la ciudad de gatos. Al cabo de poco tiempo, los ratones habían desaparecido.

Y fue así, con la genial idea de un niño, como se acabó con la plaga de ratones para siempre en la ciudad, donde todos los vecinos volvieron a vivir tranquilos y felices. 

Publicado la semana 110. 06/02/2020
Etiquetas
Barrio Sésamo , Cuentos para niños , Leer un cuento antes de dormir , imaginación
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