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Alba Plata

CASIMIRO I

A menudo encontramos nuestro destino,

 por el camino que tomamos para evitarlo.

Jean de la Fontaine

 

 

Casi no llega a nacer si no hubiera sido por la pericia de la matrona que llegó casi al tiempo en que, casi, asomaba la cabeza a este mundo casi perfecto. Llegó casi sin avisar a su madre, cuando se le esperaba casi un mes más tarde.

El día que fueron a bautizarle, casi no llega a la iglesia por culpa de una tormenta que casi aborta el acontecimiento. Cayó un enorme aguacero y el niño casi se muere, un grave enfriamiento le mantuvo con fiebre, tos y expectoraciones, casi sin comer, y apenas sin dormir, hasta casi cumplido el año, trocándose en un niño raquítico y casi sin fuerzas para sostener el escaso palmo de carne en que había convertido.

Casi todo el mundo, incluidos casi todos sus familiares, coincidieron en llamarle Casimiro, pues Casimiro se llamaba su padre, Casimiro se llamó su abuelo, que casi se hizo rico con el contrabando, y un bisabuelo, que casi llegó a alcanzar la isla de Cuba, pero que naufragó en alta mar y casi se ahoga, llamado también Casimiro. El niño casi estaba predestinado, por la fuerza del  destino y la tradición familiar, a llamarse Casimiro.

A los dos años casi andaba, a los cuatro casi hablaba y a los seis casi sabía escribir. Su infancia fue casi feliz, pues su madre murió cuando el niño casi había cumplido los siete años. Su padre casi llegó a casarse de nuevo, pero la que iba a ser su casi nueva madre, contrajo unas fiebres que casi la matan. Temiendo que la maldición de los Casimiros casi se cebara con ella, decidió no contraer el matrimonio y resolvió atender al padre y al hijo sin casarse, casi como si fuera la esposa y haciendo casi de madre para el pequeño Casimiro.

A los quince, Casimiro era un muchacho espigado, de casi un metro setenta, más alto que casi la mitad de los muchachos de su edad. Jugaba muy bien al futbol y una vez un ojeador que vino buscando jóvenes promesas, casi lo contrata para llevarlo al equipo nacional. A su padre, solo de pensar que su hijo tendría que marcharse, casi le da un infarto que casi le cuesta la vida. Cuando ya estaba casi recuperado, le llevó con él a un largo viaje, que casi duró un año, para que el niño adquiriera experiencias y creciera hasta hacerse casi un hombre.

Transcurrida casi una década, Casimiro empezó a encargarse de los negocios de la familia, pues su padre quedó malherido en un accidente en el que casi muere, dejándole casi inhabilitado para atenderlos.

Publicado la semana 108. 20/01/2020
Etiquetas
La maldición , En cualquier momento , Imsomnio
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