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41
Letronauta

Infierno

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A María la despertó el resplandor, cerca de la medianoche.

Fue hacia su ventana y vio una gran luz allá en el norte. Al principio creyó que estaba soñando y que en su aventura onírica se había adelantado el amanecer. Luego oyó las sirenas, las chillonas y aterradoras sirenas. Luego, se desató el infierno.

Le tomó un par de minutos terminar de despertarse y darse cuenta de lo que en realidad estaba pasando.

María estaba por graduarse de la Facultad de Historia de Río de Janeiro. Se mudó a la gran ciudad desde su pueblo, perdido en la Sierra, a más de cuatro horas de distancia. Compartía su casa con otros cuatro estudiantes, pero eso no le importaba, ya que tenía una ubicación envidiable; a 6 cuadras de la Universidad y a 4 cuadras del Museo Nacional de Brasil, el recinto más importante del país.

El resplandor estaba muy cerca, -unas 4 o 5 cuadras- se dijo la chica. Cuando lo entendió, el corazón se le detuvo por un instante. Corrió a encender el televisor. No hubo necesidad de tomar el control remoto, estaba en todos los canales. A sus espaldas, más allá de la ventana, la ciudad entera parecía estar envuelta en llamas.

El día de hoy alrededor de las 19:30 hr comenzó un incendio en el Museo Nacional de Brasil. A pesar de los enormes esfuerzos de los cuerpos de bomberos no se ha podido controlar el siniestro — decía la reportera desde el lugar de los hechos.

­—¡María!, ¿estás viendo las noticias? — se escuchó desde otra habitación.

María estaba viendo las noticias. Estaba haciendo un inventario en su cabeza. El Museo Nacional de Brasil era el hogar de más de 20 millones de objetos -¿20 millones?- sí, 20 millones de objetos totalmente irremplazables: Luzia, el esqueleto humano más antiguo encontrado en América, con sus 11,500 años a cuestas recibía a los visitantes desde su vitrina; Sha-Amun-In-Sun, orgullosa en su sarcófago de oro del año 750 A.C. indicaba la entrada al pabellón egipcio; un poco más allá, una fila de jarrones de Pompeya de miles de años antigüedad señalaban el camino hacia la Sala Mediterránea; más allá, la biblioteca, con sus 500,000 ejemplares, de los cuales 2,400 eran ediciones únicas; insectos, dinosaurios, meteoritos… la identidad de Brasil, un pedacito de la memoria del mundo, nada de eso existía ya.

—El ministro de Cultura ha declarado que trabajará exhaustivamente para poder determinar las causas del incendio —seguía escupiendo la televisión— y una vez que hayan concluido las investigaciones podremos empezar con la reconstrucción.

A María se le revolvió el estómago. ¿Cómo reconstruyes la memoria de todo un pueblo?

—Pero no solo bomberos han llegado hasta el Museo —continuó la reportera sin importarle el malestar de María al otro lado de la pantalla— cientos de personas, vecinos, han acudido ofreciendo su ayuda. Aunque las fuerzas de seguridad no permiten que nadie se acerque debido al peligro que representa el edificio en llamas, varios de ellos nos han dicho que no se irán. Entre el asombro, el horror, la indignación, han formado una cadena humana, como si el simple deseo pudiera detener el fuego. En otras noticias, la inflación acumulada del año… —María apagó el televisor.

Corrió a vestirse con lo primero que encontró junto a su cama y salió de casa. Corrió hacia el Museo, deseando no llegar y ver con sus propios ojos el infierno. Corrió hacia el Museo deseando llegar y ser parte de esa cadena humana, de esa cadena de buenos deseos, de esa cadena de esperanza.

 

Publicado la semana 41. 11/10/2018
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