Semana
37
Letronauta

YA HA COMENZADO.

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Hoy he sembrado en el primer niño la primera semilla de la desidia. Hoy un niño ha descubierto que está solo, que no tiene más que su propio vacío para enfrentarse a la vida. Nuestros héroes se están matando o están matándose. Hoy el Mesías se llama intemporalidad, pero es más difícil creer en él que en la inmortalidad del espíritu. El niño se ha mostrado reticente, no le gustaba lo que veía. Pero  he conseguido que entienda que su poder de decisión en lo que respecta a lo que le gusta y lo que no, es tan minúsculo como su resistencia a ver lo que es cierto.

Le he dicho que nunca será capaz de amar para siempre, que nunca podrá retener a su lado aquello que le pronuncia placer. Que ni siquiera su melancolía y su dolor más hondo significan nada, a fin de cuentas. Que no hay razón para este caos que ayer llamaba mundo. Le he dicho que está solo, que siempre estará solo, que solo su insignificancia le pertenece, que ya no queda nada en que creer, a que aferrarse, por qué morir.

He accionado la palanca del balance evolutivo de la autodestrucción como equilibrio. Vivirá pensando que se tiene, por patéticamente pequeño que sea. Vivirá diciéndoles a otros, a gritos o en silencio, todo lo que yo le he dicho. Y éstos propagarán la plaga a través de miradas, de besos, de llamadas que nunca realizarán. Vivirán pensando que se tienen y estarán, en efecto, cada vez más solos y les quedará el consuelo del más animal de los orgullos. Verán las cosas que son y cada vez pensarán menos en las cosas que fueron o las que pudieron ser.

Ya ha comenzado, para ellos el futuro es un vacío oscuro al que se precipitan. Vivirán por la atracción morbosa de ese mismo abismo y sonreirán satisfechos sabiendo que han aceptado los hechos de la vida. Hasta que se tropiecen conmigo, por supuesto.

Esa noche soplaré en sus sienes para que no olviden que al final sólo estoy yo, para que recuerden que a donde yo les llevo no pueden seguirme. Por la mañana los niños madrugarán en vano, habrán perdido el sentido mismo de su inercia. Los asesinos, desconcertados, harán de sí mismos la obra maestra de sus carreras.

Y caerá la tarde sobre los vastos campos, y nadie estará ahí para esperar a que amanezca. Sólo estaré yo, pero yo no espero, yo sé, yo soy.

Y me reiré a carcajadas a la vista del trabajo bien hecho.

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 37. 14/09/2018
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