Semana
27
Letronauta

PRASEODIMIO

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–¡Eureka! –gritó Samuel– por fin, lo he encontrado. Si estos cálculos son correctos, la humanidad se ha salvado.

La mesa era un caos total. Dos tubos de ensayo estaban rotos. Sus pedazos se esparcían peligrosamente aquí y allá, ocultos entre las montañas de papeles. Las flamas bajo los mecheros estaban extintas ya, no las necesitaba.

Habían sido meses de intenso trabajo. Días interminables, noches interminables. Una teoría descartada tras otra, un asistente descartado tras otro. Pero Samuel seguía adelante. No podía detenerse ahora, no cuando estaba tan cerca.

El planeta estaba llegando al límite, la humanidad lo tenía acorralado. El agua escaseaba, visto desde la luna el verde amazonas ahora era un manchón amarillo. Cada día se hace más difícil respirar, sobre todo en las grandes ciudades. Los gobiernos pedían inútilmente a sus ciudadanos mudarse a granjas y llevar una vida sencilla… preferían luchar por respirar que abandonar los cines, las grandes plazas y el ruido nocturno.

–¿Dónde está? –murmuraba Samuel mientras revolvía su mesa de trabajo.

Las tarjetas con las que había estado jugando cual rompecabezas cayeron al suelo: cadmio, boro, litio, hidrógeno, xenón, magnesio, azufre, estroncio, zinc, cromo, los elementos que le daban forma a la vida, desordenados.

De entre todos los símbolos físicos resaltaba uno, encerrado en un círculo rojo, Pr (Praseodimio). Samuel estiró la mano. Estaba por alcanzarlo cuando la puerta se abrió  de un golpe y un hombre enfundado en bata blanca entró a toda prisa. Piso el oro, el oxígeno, el mercurio y el polonio.

–¿Es cierto? –tomó a Samuel de la camisa y lo levantó. En su rostro no había enojo, sino asombro, y quizá un poco de felicidad.

–Sí, lo es –Samuel se arregló su bata– después de tantos fracasos lo he conseguido. He descubierto la forma de limpiar el aire del mundo.

–¿Has creado un filtro gigante? ¿Una aspiradora de proporciones bíblicas? ¿Qué clase de máquina es? ¡Dímelo! –gritó el intruso

–No es ninguna máquina, sólo puse atención donde nadie más lo había hecho… Praseodimio. Si agrego este elemento a una mezcla de radio y bromo puedo crear un gas que al soltarlo en la atmósfera lo limpiará todo.

–¡Praseodimio! ¿Cuánto tardarás en hacerlo? Debo notificar al instituto de ciencias de la ONU de inmediato, hay reportes desde Tokio, Moscú y París que confirman que el oxígeno se acaba.

Tomó su teléfono celular y comenzó a marcar. Se encendió una alarma en el pasillo. El altavoz gritaba sin descanso “Niveles de oxígeno crítico. Advertencia. Dirígase a la salida de emergencia más cercana. Advertencia. Niveles de oxígeno crítico”. Demasiado tarde.

             

Publicado la semana 27. 06/07/2018
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